jueves, 15 de agosto de 2013
Dos tipos audaces
Dos tipos audaces - Editorial del 16 de agosto de 2013
"Dos tipos audaces" era una serie de televisión británica de los años 70 protagonizada por Tony Curtis y Roger Moore. No por casualidad en inglés se llamó The Persuaders (Los Persuasores) lo que tiene que ver también, y mucho, con que la hayamos elegido para titular la página de hoy.
Aunque el tema va a ser más variado, es necesario analizar la razón por la cual en Entre Ríos Jorge Pedro Busti, que se quedó sin aparato cuando sus "fieles" aliados se pasaron al urribarrismo porque "billetera mata galán", y Alfredo De Angeli, cuya máxima expresión es y ha sido que "el kirchnerismo está destruyendo al campo", hayan logrado pasar a ser la segunda fuerza en la provincia, superando a un partido con más de cien años de historia y presencia, pero que se olvidó de que nació como expresión de las necesidades del pueblo, y no solamente de ciertos y determinados sectores. Hay que entender que salieron terceros detrás de un amplio y quizá desideologizado frente que conformaron desde los seguidores de Seineldín hasta los ex progres centro izquierdistas de Leissa y Martínez Garbino, pasando, obviamente, por los "Dos tipos audaces".
Pero también desde el gobierno de Urribarri se debe comprender que la más de media docena de puntos perdidos entre la última elección y esta, pueden ser analizados como una pérdida "normal" para procesos de medio término (como lo es una elección interna, aunque sea como esta, abierta y simultánea) o, como una preocupación que anticipa o preanuncia nuevos comportamientos. El tema es ver cómo se termina incorporando esto a la realidad política de la provincia.
A nivel nacional, los "intelectuales" del gobierno dicen que hay que cambiar la actitud y buscar el diálogo (¿después de una "década ganada" se dieron cuenta de ello?), mientras que los dirigentes del principal partido de la oposición vuelven otra vez al versito de la autocrítica, que nunca harán, porque en realidad debería empezar por su propio ostracismo, dejando lugar a quienes, con años de militancia, pero también con acciones comunitarias y desinteresadas, han demostrado su responsabilidad y su capacidad. Porque resulta que muchos se arrogan el derecho al veto de ciertas candidaturas, pero a la hora de los negocios no hesitan en juntarse con la lacra.
Hay que tener mucho cuidado porque el mal resultado global que sacó el kirchnerismo, y el pésimo que logró en algunos distritos como la propia Santa Cruz o en La Rioja, lo están llevando a decir que aunque apenas se trató de una interna abierta, los que les ganaron "ya están exultantes y se animan a amenazar". Ellos entienden tan mal la democracia que desde ahora en adelante van a intentar convencer a la gente de que TODOS los que no votan al Frente para la Victoria forman parte de un plan urdido por los poderosos y cuyo supuesto propósito no es ganarle a los K, sino "hacer tronar el escarmiento". Por eso insisten en hacernos creer que cuando se dice que las políticas públicas de este gobierno han sido pésimas, se hace para crear una crisis profunda que permita cargar todas las culpas sobre estas políticas. Nosotros, desde Crónica, hemos sido críticos de este gobierno, y no es nuestra intención, de ninguna manera, que se haga pedazos o que "truene el escarmiento". Solamente pedimos que la lectura de estas elecciones le haga ver al gobierno nacional (y también al provincial, ¿por qué no?) que se debe escuchar al otro, y que las verdades no se dicen solamente en "6,7,8" o en CN23 o en el medio oficialista de que se trate.
Esta nueva lectura de la realidad política que nos dan las PASO tiene que servir para que de una vez por todas se sinceren y reconozcan que el índice de inflación es una mentira; que los enriquecimientos ilícitos de los funcionarios son una inmoralidad; que la pobreza y las villas miserias siguen existiendo; que la educación y la salud públicas son de una calidad desastrosa (solamente mantenida por los que en ellas trabajan o los que apoyan desde las cooperadoras, porque todo lo demás es mero interés propagandístico y solo les preocupan las inauguraciones); que la delincuencia ha crecido, muchas veces al amparo de quienes la tienen que combatir; que se está alentando otra vez, como hace sesenta años, la división entre argentinos; que la mentira y la corrupción son realidades palpables, evidentes, burdas y generalizadas en toda nuestra Argentina como nunca jamás antes en toda nuestra historia. ¿O sí?
Alguna vez transcribimos aquí un párrafo del discurso que pronunciara Ricardo Balbín en la sesión del 29 de Septiembre de 1949, de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación en la que se trataba su desafuero para juzgarlo por orden de Héctor J. Cámpora, que presidía el cuerpo, y hoy vamos a usar otro, sumamente elocuente: "Demasiadas ventajas tiene el peronismo. Son excesivas las ventajas. El Presidente o el jefe del partido -no sé cuándo habla de una o de otra manera, porque se confunde en los discursos-, ¿cómo quiere que respondamos nosotros cuando dice que somos antipatrias? No sé cómo tenemos que utilizar nuestro lenguaje para contestarle cuando dice que somos traidores al país. ¿Qué lenguaje hemos de usar para decirle al pueblo que no somos antiargentinos dentro de la República? ¿Cómo tengo que conducirme en mi oposición frente a un Presidente que confunde bandera y divisas, se comporta como él quiere y agravia en las condiciones que se le antojan? Es difícil la conducción y la réplica".
"No he aprendido todo lo que puede hacer un oficialismo desbordado, pero estoy resuelto a sufrirlo todo para que no lo tengan que sufrir las generaciones futuras...Nosotros tenemos sentido de futuro, no barriga de presente..."
"Todos los triunfadores tienen la creencia de su perpetuidad; todos los triunfadores creen que vivirán sus vidas enteras en el triunfo. Cuando una minoría les dice que están equivocados y que algún día los vencerán, se ríen, como se ríen ustedes ahora...Pero nosotros que tenemos la vieja experiencia de nuestros sacrificios, sabemos que esto termina, y como no trabajamos para nosotros, sabemos que nuestros hijos llegarán a tiempo."
La señora Presidente tendría que haber dicho el domingo, por cadena nacional, algo así como: "El pueblo ha hablado, claro y fuerte. Tomo nota, y acepto el veredicto de las urnas. Evidentemente hemos fallado en varias cosas. Convocaré a gente idónea tratando de dar solución lo más urgente posible a las demandas principales de la sociedad argentina. Y, como dice el Papa Francisco, 'recen por mí'".
Lamentablemente intenta convencer a toda la audiencia de los graves problemas que van a suceder si cambia el gobierno. Es triste, porque busca recursos que no existen, como por ejemplo decir que en ningún medio se mencionó que ganaron en la Antártida o en los pueblos Qom. Eso ya pasó en la época de Menem, cuando previendo un resultado desastroso rescató el triunfo en el por entonces ignoto pueblo llamado Perico, en la provincia de Jujuy.
Los problemas, a pesar del inédito crecimiento, son muchos y los más graves son los relacionados al trabajo en negro y a los núcleos duros de pobreza que, sin llegar a parecerse a los tiempos de crisis, son lacerantes. No es justo que algunos crezcan tanto y otros aún vivan en situación de pobreza. Este estado de cosas habla (además de todo lo que dijimos más arriba) de una mala distribución, y la razón de esa mala distribución está principalmente en el trabajo en negro, en no haber podido resolver este flagelo que es inmenso. En Entre Ríos, tan ligada al agro y a la agro-industria, hay muchos trabajadores a los que, a pesar de poner el lomo como corresponde, no les alcanza para vivir y entonces es el Estado el que tiene que acudir en su ayuda. Esto no puede seguir siendo así, y para ello el gobierno debe garantizar que quien trabaja cobre bien y no sea explotado.
Como decía (y escribía) por estos días un valiente amigo radical, desencantado: "Estoy convencido que la política es una estrategia sin tiempo como lo postulara Hipólito Yrigoyen, y que la lucha debe ser diaria, ardua y hasta el final, haciendo lo que se debe y no lo que se quiere, sin dobleces ni especulaciones menudas".
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 8 de agosto de 2013
Los caminos de la vida
Los caminos de la vida - Editorial del 9 de agosto de 2013
Por estos días los candidatos anduvieron en campaña, haciendo lo que tantas veces transcribimos aquí de la letra de "El Orejano": "Porque no me llenan con cuatro mentiras, los maracanases que vienen del pueblo, a elogiar divisas ya desmerecidas, y a hacernos promesas que nunca cumplieron".
Ya estamos sobre las PASO, nombre elegido con la doble intención de hacer una ingeniosa sigla, pero además darle un sentido de traslación hacia las más importantes elecciones de octubre de este año, en la que se resolverá la nueva constitución (con minúsculas) del Poder Legislativo.
Pero como esta Argentina que queremos tanto tiene algunos rasgos muy propios de idiosincrasia, las propuestas electorales que se hicieron (y se seguirán haciendo solapadamente hasta el mismo cierre del acto eleccionario) tienen más que ver con la función ejecutiva que con la de hacer las leyes, en una elocuente y manifiesta demostración de que acá lo único que interesa es lo que se puede tocar. Las leyes, para muchos, son cosas de existencia ideal y tan abstractas que no se le puede hablar a la "gente común" de eso, ya que "solamente les interesan las garrafas sociales, los barrios de viviendas, las netbooks, los aumentos en las asignaciones y las jubilaciones", aun cuando ni siquiera se imaginen de dónde está saliendo la plata ni cual es el costo que se está pagando por ella.
Pero bueno, como los dirigentes y las agrupaciones que se presentan a estas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias han aceptado este juego, y sus discursos prometen obras a diestra y siniestra, queremos aprovechar el editorial de hoy, escrito con un poco más de anticipación de lo que solemos hacerlo, para reclamarles algunas tangibles, para que se acuerden, el día después, de que hay muchas cosas sin hacer y desde hace mucho tiempo, tanto en lo que se ve como en lo que no se ve.
Como para comenzar por algo, cuento lo que me sucedió el pasado domingo a la madrugada, cuando regresaba en mi auto desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Aclaro acá, para mejor comprensión de la problemática, y más que nada para aquellos que no me conocen, que tengo un Clío modelo 1996, o sea que en él se sienten todas las imperfecciones y dificultades que, seguramente, en una "nave" con patente M no se pueden apreciar. ¡Y mucho menos en un helicóptero!
Bueno, reanudando el relato, y como decía, salí desde Buenos Aires a la una de la mañana, "manso y tranquilo", disfrutando de las ventajas que da esa hora en cuanto a la falta de tránsito y la existencia de un clima fresco, ideal para no dormirse.
Todo iba bien hasta que, pasando el puente sobre el Gualeyán, en la Ruta 14, tomé conciencia de que debía realizar esa maniobra inédita y peligrosísima que consiste en doblar por sobre la ruta 20, para poder tomar el puente que nos permite acceder al tramo que nos lleva (o nos trae, para ser más precisos) hasta Basavilbaso.
Ahí, señores, empieza un verdadero calvario, que, como dijimos, tiene su punto de inicio en ese giro totalmente inesperado para cualquier desprevenido que ande circulando por allí, y que a nosotros casi nos hizo colisionar con un Fiat Palio que, evidentemente, no era de la zona y cuyo conductor no entendía nada, parado en el medio de la ruta sin atinar a resolver la situación y, por lo que supimos después, mirando desesperadamente el GPS para que le explicara con qué engendro se había encontrado.
Superada esa instancia, ya un poco más tranquilos, cruzamos el puente casi con la convicción de ir sobre una cuerda pendiente en el aire, cuál acróbata de circo. Es que las rajaduras que tiene en ese lugar el pavimento, o más precisamente el hormigón, son tan pronunciadas que aunque las hayan tapado con un poco de revoque, el auto las "copia" y hace sentir a uno que en cualquier momento se desmorona arrastrándolo con él al abismo.
Por supuesto que la cosa no termina allí, aunque ya con eso sería suficiente para ameritar la intervención de los gobernantes de turno y la propuesta de soluciones de parte de todos los genios que se postulan para ocupar una banca en el Senado o en la Cámara de Diputados para desde allí generar los cambios que la Argentina necesita, pero que ellos mismos tampoco han podido lograr en los años que llevan en la política y en el acaparamiento de cuanto cargo con posibilidades de acceso salga a la disputa.
Decíamos, entonces, que nada más llegar a la llamada "capilla de Veronessi", a pocos metros de la bajada del dichoso puente, y dónde está todavía como mudo testigo de la última tragedia el colectivo de Flecha Bus contra el que colisionó el automóvil de la familia Brotzman el pasado 17 de julio a eso de las 19 hs., nos sentimos trasportados a la situación a la que debió enfrentarse unos días antes esa gente que murió inútilmente. El asfalto está destruido, las marcaciones horizontales brillan (¡ja!) por su ausencia, y aunque hay edificaciones como la citada capilla y una comisaría, las luces no existen.
Seguimos, aún en esas condiciones, sin saber dónde comenzaba y dónde terminaba el ancho de la ruta, ni si íbamos por el medio o por el borde del camino. Seguramente nos salvó el hecho de que no andaba nadie, porque otro Flecha nos hubiera conducido al mismo e inexorable destino.
La cosa continuó así, con breves intervalos de una doble línea amarilla pintada a pincel y corrida en varios lugares, hasta llegar a Urdinarrain. Allí el padecimiento se agudiza porque si era posible que el pavimento estuviera en peores condiciones, el milagro se ha producido. En ese tramo la ruta se reduce a una sucesión de pozos, de distintos tamaños y profundidades, pero todos considerables, interrumpidos brevemente (muy brevemente) por pequeños trozos de asfalto sano. Por supuesto que tampoco hay señalización, ni siquiera en las curvas, con lo que uno debe confiar en que desde hace más de cuarenta años circula por ese trazado, y casi que ya lo adivina. Pero lo que no puede prever es el comportamiento de un supuesto y posible conductor que venga de frente.
Ya en las proximidades de Gilbert, se agrega el oscuro panorama que rodea al paso a nivel, sin carteles reflectantes ni, por supuesto, balizas. ¡Eso sería mucho pedir! Uno se da cuenta de que está pasando sobre el mismo en el momento en que se le rompe un amortiguador por las irregularidades existentes entre los rieles y el piso.
Nuestro viaje continúa, ya intentando atisbar las luces de Basavilbaso, mi pueblo, principalmente porque ante tanto riesgo se acentúa el sentimiento que nos hace decir "¡qué lindo es volver!".
Pero todavía no llegamos, no se crea. Nos falta sortear los obstáculos que algún ingenioso puso en un último intento de impedirnos la llegada. Parece esos juegos de mesa a los que jugábamos en nuestra infancia, cuando no existían la Play, las redes sociales ni los juegos para la compu. En ellos, al tirar los dados, era frecuente encontrarse con una indicación que nos volvía al punto de comienzo, nos hacía retroceder lugares, o sufrir alguna especie de prenda. Seguramente el que ideó esos dos obstáculos a que vamos a hacer referencia, o sea a los del cruce de las rutas 39 y 20 y el acceso a Termas, lo hizo con ese propósito y con esa inspiración.
Las dársenas o punteras colocadas fuera de toda lógica lineal son una invitación al choque o al vuelco, todo ello propiciado por la oscuridad a que nos han sumido, casi en tono de burla, al haber colocado las "jirafas" pero sin dotarlas de focos, de cables conductores, o, quizás, de un simple interruptor. Como nadie se ha dignado nunca a explicar lo que pasa, subsiste nuestra duda, y de ahí estas elucubraciones que podrán parecer irónicas pero que de ninguna manera lo son.
Finalizaba nuestro viaje, pero no los sobresaltos. Ingresar por la rotonda de Basso a nuestro pomposo Acceso Oeste da vergüenza ajena. Ahí sí que los pozos son de colección y compiten por el Guinness.
"Los caminos de la vida, no son lo que yo pensaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba. Los caminos de la vida, son muy difícil de andarlos, difícil de caminarlos, y no encuentro la salida".
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 1 de agosto de 2013
Catilinarias
Catilinarias - Editorial del 2 de agosto de 2013
¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? ¿Cuánto tiempo hemos de ser todavía juguete de tu furor? ¿Dónde se detendrán los arrebatos de tu desenfrenado atrevimiento?
Con estas tres impresionantes frases empieza el primero de los cuatro discursos pronunciados por Marco Tulio Cicerón entre el 8 de noviembre y el 5 de diciembre del año 63, cuando en su condición de cónsul descubrió y desbarató un intento revolucionario encabezado por Lucio
Sergio Catilina (de ahí el nombre de las citadas alocuciones y el título de hoy) que tenía como objetivo final la subversión total de las estructuras del Estado romano e incluso la destrucción de la misma Roma. Debo recordar acá que el cónsul era el magistrado de más alto rango de la República de Roma, hasta la aparición del Imperio y la irrupción de la figura del emperador.
Por extensión y analogía, después se comenzó a usar la palabra catilinarias para definir un discurso vehemente y crítico contra una persona o un grupo de personas, y seguramente en eso se convertirá la página de hoy, luego de esta breve y necesaria introducción.
Tengo ya 22 años de desempeño ininterrumpido al frente de la cátedra de Formación Ética y Ciudadana (antes Educación Cívica o Formación Cívica o Instrucción Cívica), y creo que nunca advertí tanto desinterés ni tanto desconocimiento de la realidad como ahora, en los jóvenes y en los adultos, ante esta próxima instancia de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), que se realizarán el domingo 11 de agosto, y acerca de las cuales, en un intento de esclarecer (o sea hacer más claro), Crónica publica hoy una nota explicativa.
Pero quiero salir de lo meramente coyuntural para intentar una aproximación a las razones de ese desconocimiento y de ese desinterés, que además de ser generalizado, incluye a los jóvenes que van a votar por primera vez, y con ello, a decidir nuestro destino.
Esta situación me hace pensar, en combinación con otras tantas cosas que suceden paralelamente, que la política argentina está en crisis.
En realidad, frente al daño que constantemente sufre el tejido social, no le cabe al sistema político otro lenguaje que el de la verdad ni otro resorte para respaldarlo que el de la austeridad. Hace falta un desprendimiento que disipe la atmósfera aún cargada de frivolidad, desaprensión en el gasto y de un poco más que meras sospechas de corrupción.
Estas próximas elecciones, y por ende también las de octubre, nos entregarán la opción entre un partido del gobierno que no hesita en utilizar el aparato del estado en su propio provecho, a través de la propaganda que le significa la entrega de la Asignación Universal por Hijo y de las netbooks con fondos de la Anses, la difusión del Fútbol para Todos, con propaganda partidaria desembozada, la utilización del canal estatal como canal sectorial, y el uso de fondos públicos para fines electoralistas, porque no me van a hacer creer que el viaje de la Sra. Presidente y su ignoto candidato a diputado nacional, que solo tenía por finalidad sacarse una foto con el Papa para mostrarla en la campaña, fue pagado del propio bolsillo de los viajeros.
Pero, del otro lado, se presenta un juego entre partidos carentes de poder real que les otorgue ejemplaridad y capacidad para legislar y gobernar. Tampoco a ellos se les cree, más que nada porque sus propias peleas internas los asemejan más a enemigos políticos que a meros y circunstanciales adversarios internos.
¿Cómo crear, entonces, los incentivos para que los actores políticos se comporten en forma constructiva? Esa es la pregunta que muchos nos formulamos cuando nos vemos a nosotros y a las instituciones transformados en rehenes de políticos que colocan otros valores y principios por encima de la preservación de los mecanismos de la democracia. En cada una de las listas, y esta es una invitación que hago a la investigación, hay mayoría de nombres que hace dos años estuvieron poco menos que en las antípodas. Y aunque ahora solo se vota para legisladores, y eso acota la magnitud de los candidatos, alcanza con ver quiénes son los que reparten las boletas (o los que van a los programas de radio o de televisión a hacer proselitismo), y realizar un breve ejercicio de memoria retrocediendo a un tiempo no tan lejano.
En realidad el espejo roto de la representación política es resultado de dos andanadas: los partidos se derrumban (eso es más que evidente, porque ya no tienen ningún peso propio y sus congresos son meras formalidades a los que se llega con todo "cocinado"), y la sociedad no atina a encontrar el camino de su propia representación. El panorama que nos circunda se asemeja cada vez más a un archipiélago donde apenas sobresalen líderes escuálidos y un sinnúmero de organizaciones civiles que pretender actuar en la vida política sin asumir los costos de la militancia y de la consistencia ideológica. Sin ir más lejos, Entre Ríos le está aportando al país un candidato a diputado que representa a un sector corporativo y que, más lejos que eso, no pretende ni podrá, seguramente, brindar soluciones a otros problemas del país que no sean específicamente los de su propio campo de acción, si es que se me permite el juego de palabras.
Los riesgos son muchos, porque a medida que la gente se va desinteresando de las reales causas y consecuencias de su voto, le vamos entregando al gobierno el manejo de la cosa pública sin ningún tipo de control, lo que ya está demostrado a lo largo de la Historia que resulta inconveniente.
Así como hablamos de Marco Tulio Cicerón y de Catilina, tenemos que recurrir también, ya un poco más cerca en el tiempo, a la referencia del sistema estalinista, que se caracteriza por un antirrevisionismo absoluto; procedimientos de represión hacia la divergencia de pensamiento dentro del mismo partido, deportaciones en masa de elementos considerados reaccionarios, eje central de toda política del estado. Uno no quiere ser pájaro de mal agüero, pero lo que hemos visto ayer por televisión, cuando el ministro Randazzo escrachaba a los conductores de trenes porque se dormían, leían o mandaban mensajes por celular, se asemeja muchísimo a esas prácticas. Primero, porque más allá de lo repudiable de cada uno de esos comportamientos individuales, no se puede estigmatizar a toda una clase trabajadora haciéndola responsable de la desidia del Estado. Pero, además, ¿por qué no usan también ese aparato de inteligencia y esos elementos tecnológicos para filmar a los funcionarios corruptos en medio de sus negociados? ¿O es que ahí ya no habrá solamente dos o tres, sino que serán todos ellos los que aparecerán frente a las cámaras dando y/o recibiendo?
El gobierno de Stalin en la URSS de mediados del siglo XX se caracterizó también por la instauración de aparatos burocráticos vinculados a la jerarquía de un único partido, y por mandar al Archipiélago Gulag a los que pensaban distinto. Y en materia de disciplina, fuerte centralismo democrático y persecución de los divergentes. También la modificación de la historia, por medio de fotografías trucadas y reedición documental, algo así como lo que acá se está haciendo cuando la Sra. Presidente compara los actos de Néstor (lo llama Él), absolutamente incomprobables por otra parte, con los dichos y hechos del Papa Francisco, por ejemplo.
Estatización, nacionalización y colectivización forzada y controlada de la economía, sobre todo dirigida hacia los grandes latifundistas y pequeños terratenientes relacionados con la "causa", con un fuerte predominio de la administración del Estado, también señalan peligrosas coincidencias entre estos y aquellos.
Seguro que ya es tarde para reconstruir, en una semana, lo que se destruyó en una década. Pero alguien debe convencer a Marco Tulio Cicerón a que reescriba sus advertencias, las aggiorne, y las convierta en texto de lectura obligatoria.
Algunos se han enojado mucho con el contenido de mis páginas. Solo algunos, pero con mucho poder. No importa. Alguna vez leí que es mejor morir por una idea por la que vale la pena vivir, que vivir por una idea por la que no vale la pena morir.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 25 de julio de 2013
Yankees come in (lease yanquis cam in)
Yankees come in (lease yanquis cam in)
En poco más de una semana el kirchnerismo arrió casi todas las banderas que alguna vez había izado (si es que en verdad lo había hecho y no era solamente una ilusión óptica). Hoy vamos a hablar de una de ellas, pero no podemos dejar de mencionar, aunque sea “de paso”, a por lo menos dos de las otras. Y eso porque la coincidencia en las tres está dada en que el gobierno le rehúye a la discusión acerca de ellas, porque tiene temor de la incidencia negativa que el esclarecimiento y la verdad le traigan en las elecciones primarias del próximo 11 de agosto. Esto de por sí ya es una vergüenza, dado que mezclan lo político con lo partidario para hacer campaña con los temas que les convienen, mientras que ocultan la tierrita debajo de la alfombra en los demás.
Para empezar con la Justicia (una de esas banderas), finalmente “mostraron la hilacha” permitiendo que Ricardo Jaime gozara de un privilegio al que a los “ladrones de gallinas” les cuesta mucho acceder, y por eso de ellos están llenas las cárceles. Se podría hacer un muestreo de lo difícil que resulta, procesalmente hablando, conseguir una eximición de prisión, incluso por delitos con una pena mucho menor que la prevista para aquellos de los que se acusa al exsecretario de Transporte de la Nación. Y por supuesto, de menos repercusión pública.
Y tanto hablar de DDHH, para “hocicar” nada menos que nombrando como Comandante en Jefe del Ejército a un mucho más que sospechado de haber violado esos mismos derechos. Tuvo que salir Horacio Verbitsky, a través del CELS, para que los senadores del FpV decidieran “postergar” (eso solamente significa posponer para después de las elecciones) el acuerdo del Senado.
Pero ya entrando en el tema por el que nos decantamos hoy, que tiene que ver con la tercera de las banderas arriadas, y para que se pueda entender finalmente el porqué del título, a poco menos de un año de haber echado a los españoles (por segunda vez, aunque con menos honra) de nuestras tierras, o por lo menos de nuestro subsuelo, al quitarles las acciones que Repsol tenía en la petrolera estatal YPF, le dieron la concesión del yacimiento denominado “Vaca Muerta”, ubicado en la provincia de Neuquén, a Chevron, empresa norteamericana sucesora de la tristemente célebre Standard Oil.
Antes de seguir vamos a explicar que la frase yankees go home (pronúnciese "yanquis go jom"), con la que hemos jugado en el título, se usaba popularmente en los ’60 y ’70 para “pedirle” a los norteamericanos que se fueran a su casa, particularmente luego de la Revolución Cubana y de Vietnam. Por supuesto que todos los movimientos de izquierda de los países latinoamericanos, incluida la Argentina (y lo recalcamos porque tanto la actual Presidente como su marido y antecesor en el cargo, se jactaron de su militancia en uno de ellos) tenían esa frase a flor de labios, ¡y casi siempre con razón!, más allá del sentimiento xenófobo que la misma irradia. Y el juego del título tiene que ver, justamente, conque la que usamos hoy quiere decir lo contrario, o sea una invitación a que los norteamericanos vengan a nuestra casa.
En principio esto no estaría mal, si es que constituyera una línea de pensamiento abonada y avalada por el kirchnerismo desde siempre, y para eso se los hubiera votado. Pero no es así, sino todo lo contrario. El gobierno se jacta de tener un sesgo “nacional y popular” (o “nac&pop”, según su propia jerga), mientras que en realidad lleva adelante, a la luz de los acontecimientos, uno de los más fieles ejemplos de liberalismo económico.
Lo concreto es que un año y tres meses después de que el gobierno decretase la expropiación del 51% de las acciones de YPF a Repsol, “por fin” consiguió que una multinacional extranjera invierta en el yacimiento de gas no convencional de Vaca Muerta.
A esta altura de la página tenemos que hacer notar que muchos de los que que en su día colaboraron para que se aprobara en el Congreso la expropiación de YPF, repudian ahora el acuerdo con Chevron. Hablan (pero no se los escucha) de “neocolonialismo puro” y critican el hecho de que esas divisas nunca vuelvan a Argentina. Es más, la Red Nacional Ecologista (Renace) indicó que YPF eligió "al socio más sucio", y recordó que Chevron fue condenada en Ecuador por la contaminación de unas 500.000 hectáreas en la Amazonia que afectó a unos 30.000 integrantes de las comunidades aborígenes de la región.
Los yacimientos de Vaca Muerta contienen la tercera reserva del mundo en gas no convencional, por detrás de otros campos situados en China y Estados Unidos, y su desarrollo sería clave para que Argentina encuentre un alivio energético que viene atenazando la economía del país desde hace varios años. Pero si antes hablábamos del liberalismo económico, es dable pensar que esas riquezas no se van a repartir entre nosotros, ya que esa ideología propugna la distribución de los recursos internos mediante el “libre” funcionamiento de mercados y precios y el convencimiento de que el Estado debe intervenir lo menos posible. Como sabemos, en nuestro país estas dos cosas son utópicas, tanto para bien como para mal. Justamente es por eso que, sin mucho alarde, porque no le conviene que se sepa esta parte de la historia, el gobierno anunció que las empresas que presenten proyectos de explotación a partir de mil millones de dólares podrán acogerse a una serie de beneficios. Por ejemplo, desde el quinto año de la ejecución de sus proyectos podrán comercializar en el mercado externo el 20% de su producción sin pagar retenciones. Y tendrán la "libre disponibilidad del 100% de las divisas provenientes de la exportación de tales hidrocarburos". ¿¡Si esto no es liberalismo, el liberalismo dónde está!?, para usar, con algunos términos cambiados, otra frase típica de los ’60 y los ’70.
Cuando la Sra. Presidente confiscó las acciones de Repsol, el argumento de peso era que Axel Kicillof (viceministro de Economía) la había convencido de que sólo el sector público podría obtener el petróleo y el gas que las “rapaces” multinacionales se niegan a suministrar. Eso justificó el “gallegos go home”, pero la alegría les duró poco.
Quizás habría que recordarle a estos pseudo populistas que ya en 1911 la propia Corte Suprema de Justicia de los EEUU condenó a la Standard Oil (de la familia Rockefeller) por monopolio, y la obligó a dividirse en 34 empresas, una de las cuales terminó siendo Chevron. Y más que seguramente habría que hacerles leer a los del gobierno (y a muchos de la oposición que solo dan manotazos en el aire, y la mayor parte de las veces sin sentido), que durante el siglo XX varios procesos e investigaciones probaron arreglos oligopólicos a nivel internacional para repartirse los más ricos yacimientos y controlar los precios, trazados por las mayores multinacionales norteamericanas y europeas, conocidas como “las siete hermanas”, entre las cuales, ¡oh sorpresa!, está Chevron. Como siempre, nosotros fuimos a buscar el zorro para cuidar el gallinero, mientras en la campaña política discutimos por una banca, como si eso fuera lo importante.
Para el que quiera hablar con conocimiento de causa de este tema, que es uno de los cruciales para la Argentina, incluso más (¡aunque parezca mentira!) que la importantísima presencia de Florencia Peña en los actos de campaña del FpV, le aconsejamos abrevar en la información que existe acerca de la crisis petrolera de 1973, y de cómo cambió el mapa del mundo en ese momento, algo de lo que, parece, nuestros dirigentes no se dieron cuenta.
Mientras tanto, el gobierno sigue repartiendo netbooks, sin notar que el hombre que no entiende lo que lee, no tiene ninguna ventaja sobre el que no sabe leer.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 18 de julio de 2013
Debido (De Vido) a la impunidad
Debido (De Vido) a la impunidad - Editorial del 19 de julio de 2013
Todos los gobiernos se caracterizan por algo. Por cierto la Ciencia Política se especializa en estudiar las diferencias entre cada una de esas características, y de allí, precisamente, han surgido las definiciones de democracia, autocracia, totalitarismo, y tantas otras que describen las peculiaridades que hacen preferibles, o no deseables, a quienes manejan nuestros destinos.
Pero hay otras definiciones que ya no tienen que ver con esa materia, sino más con "la ley y el delito", tomando el título de un criminalista español muy conocido entre quienes estudiamos Derecho.
Últimamente, y cada vez con mayor aceleración, menos descaro y más sensación de impunidad, se habla de los gobiernos, o de quienes los integran, en relación o como consecuencia de su capacidad para hacer negocios y enriquecerse.
Horacio Verbitsky, seguramente el investigador periodístico más importante que dio la Argentina en estos años, por lo menos hasta que decidió dejar de analizar y comenzar a justificar solamente los hechos y dichos de los gobiernos kirchneristas, escribió hace muchos años un libro que desnudó una costumbre muy arraigada en ciertos y determinados partidos, y en ciertos y determinados de sus funcionarios. En principio, debemos decir que para que el título que eligió se hiciera realidad hacía falta que esos partidos y esos funcionarios gobernaran. El libro en cuestión se tituló "Robo para la Corona", y el subtítulo, quizás todavía más importante y explicativo, era "Los frutos prohibidos de la corrupción".
La primera edición de esta especie de manual de las malas costumbres de ciertos políticos, que algunos consideran necesarias, o por lo menos así nos lo quieren hacer creer, es de 1991, o sea que venimos conociendo el trasfondo de estas prácticas desde más de veinte años, aunque en verdad ya en gobiernos anteriores hubo denuncias públicas de enriquecimiento ilícito y de utilización de testaferros. Obviamente que un caso emblemático es el de Jorge Antonio, pero también hubo otros vinculados a negocios como los de la carne o los de las carreras de caballos, que en la década del '50 resultaban apropiados para derivar hacia ellos los dineros mal habidos. Esto, contado ahora, parece un relato infantil al lado de lo que estamos viendo en vivo y en directo, pero digamos que fue el campo propicio como para que se probara que en la Argentina la impunidad campea, por lo menos en ese tipo de delitos y con respecto a ese tipo de personas. No por nada es emblemática en las facultades de derecho de nuestro país el estudio de los casos llamados de "ladrones de gallinas", en los que las penas suelen ser mucho más duras. ¡O quizás deberíamos decir en los que las penas suelen ser!
También es cierto que en la Argentina, que es nuestro escenario ("este es mi lugar y aquí me quedo"), la mención de la corrupción ha sido muy útil para justificar los golpes de estado. Casi todas las llamadas "revoluciones", y estamos hablando de la serie que comenzara en aquél 6 de septiembre de 1930, tuvieron, en mayor o en menor medida (en mayor la del 16 de septiembre de 1955, llamada "libertadora", y la del 24 de marzo de 1976, autodenominada "Proceso de Reorganización Nacional", y en menor medida o en nula las restantes) como argumento central la necesidad de terminar con la corrupción de los civiles. ¡Y empezar con la de los militares y sus cómplices!
Pero la realidad indica que en muchos gobiernos civiles, aun cuando ya la amenaza de los golpes aparezca como utópica, se empieza a poner en debate la forma en la que se ejerce el poder. Así, luego de habernos recuperado de las consecuencias de la represión, los muertos, los desaparecidos, el robo de bebés, y haber tomado la decisión de juzgar a los culpables, comenzamos a darnos cuenta de que, por ejemplo, que alguien cobrara una jubilación diez o más veces mayor a la de uno, era percibido por el ciudadano común como un acto de corrupción. Por eso aparecieron las llamadas "jubilaciones de privilegio" que, es claro, al lado de las cosas que vemos hoy es otro cuento de chicos. Ahora, decenas de miles de millones de dólares pasaron de unos bolsillos a otros, empezando por el bolsillo del Estado, que es el que se vació primero, y terminaron creando una situación estructural que parece imposible de solucionar y que condiciona sobremanera los cursos de acción futuros. Por un lado sabemos que políticamente es imposible imaginar la gobernabilidad si no es con el kirchnerismo al frente, no solo por su propia capacidad (mínima, pero capacidad al fin) sino por la absoluta y total impericia de la oposición, no ya para gobernar, lo que es utópico, sino simplemente para oponerse.
No por casualidad estoy justamente leyendo por estos días una novela de un autor cubano llamado Leonardo Padura (la novela lleva por título Pasado Perfecto, y la recomiendo) en la que el tema central tiene que ver con un caso de corrupción en un alto nivel de gobierno en la actual Cuba (recalco lo de actual porque se supone que la Revolución fue justamente hecha para terminar con los privilegios del régimen de Fulgencio Batista). Eso demuestra muchas cosas que nos pueden servir a nosotros de enseñanza. Una es que a medida que se asciende en la pirámide burocrática las instancias superiores no sólo tienen la responsabilidad formal por los actos de sus subordinados, sino que los propios delitos serían imposibles sin su protección y que, entonces, casi una lógica consecuencia que encuentra el sistema para solucionar este "problema" es asaltar los organismos de control, que deben ser de gestión independiente, y de ese modo lograr una concentración de poder que decide a quién se premia y a quién se castiga. Fíjese Ud., amigo lector, que el papel de Gils Carbó en estas instancias está muy distante del que debe ejercer un Procurador General de la Nación. Y eso sin hablar de lo que podría pasar si se logra el resultado que el gobierno pretende conseguir con la reforma judicial, que no es otro que el de dejar de lado los méritos de cada uno para empezar a ocuparse de lo que le sirve y le interesa al poder.
Concretamente, y aunque parezca mentira, salvo que leamos las cosas a la luz del título de la obra de Verbitsky, hasta ahora la investigación judicial sobre el empresario kirchnerista Lázaro Báez no involucró directamente a ningún funcionario del Gobierno. Sin embargo, sí pudo haberlo hecho, ya que la acusación original por lavado de dinero incluía al ministro de Planificación, Julio De Vido, dado que se sospechaba que había favorecido a Báez con contratos de obras públicas.
Su nombre fue eliminado del dictamen cuando intervino en el expediente el fiscal antilavado Carlos Gonella, un hombre designado en forma polémica por la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó. También tuvieron esa suerte el propio Báez y sus hijos Martín y Leandro.
Pero es claro que las corporaciones siempre tuvieron las espaldas bien cubiertas, y este Frente para la Victoria no es la excepción. "De Vido fue beneficiado por un fiscal cercano al Gobierno", habría que titular, pero también "Clarín fue beneficiado por una Corte adicta al no resolver luego de 4 años sobre la Ley de Medios" o, "La Nación se beneficia del silencio de la Corte adicta, respecto del fallo sobre una deuda con la DGI que lleva más de 10 años", o, "La Sociedad Rural fue beneficiada por un Juez cercano a sus intereses en el caso de la anulación del predio de Palermo".
Pero también es cierto que el gobierno sigue dando mucho que hablar. Ricardo Jaime, uno de los arquetipos del sistema (ciudadano ilustre de Basavilbaso porque en 2008 anunció acá que iban a traer trenes de Portugal y de España), está prófugo desde hace una semana, en rebeldía frente a la acusación de administrar de manera fraudulenta un contrato por poco menos de $ 8 millones para realizar mejoras en el ferrocarril Belgrano Cargas, y por autorizar sin fundamento el pago de $ 2 millones a esa empresa.
Madre, yo al oro me humillo, Él es mi amante y mi amado, Pues de puro enamorado, Hace todo cuanto quiero, Poderoso caballero es don Dinero. Francisco de Quevedo.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 11 de julio de 2013
El banco que no me banco
El banco que no me banco - Editorial del 12 de julio de 2013
Uno de los temas recurrentes en Crónica de los últimos tiempos tiene que ver con la atención que se ¿brinda? al usuario de los servicios de los bancos locales, sobre todo en el Nuevo Bersa.
Cada vez que tocamos esta cuestión nuestro enojo va en aumento, ya que en vez de solucionarse el problema, se agrava mes a mes, por no decir día a día.
Como soy consciente de que ejercer el periodismo en mi ciudad, de la forma que lo hacemos en Crónica, o sea poniendo la firma y no escudándome en pseudónimos ni en anónimos, vuelvo a reiterar la salvedad de que no creo que los empleados sean los culpables de los males que sufrimos dentro de las dos instituciones, más allá de algunos "vicios" que ya forman parte del folclore pueblerino y que, por otra parte, tenemos todos en cada una de las profesiones que ejercemos o trabajos en los que nos desempeñamos.
Y digo esto, básicamente, porque estoy persuadido de que acá estamos hablando de defectos estructurales, y no de meras cuestiones de coyuntura.
Fieles a nuestro estilo en esta profesión, agotamos, previa a la redacción de este editorial, todos los caminos que nos permiten las instancias locales, ya que para recurrir más arriba no tenemos ni el tiempo ni el presupuesto necesario. Y tampoco estamos dispuestos a hacer antesala y rogar entrevistas a quienes se creen lo que no siempre son.
Para entrar definitivamente en tema, sobre todo para aquel lector desprevenido que no concurre normalmente a dicho Banco, o no lo hizo más precisamente en estos días, las circunstancias que se vivieron el miércoles por la mañana rayaron en lo kafkiano o surrealista, ya que durante horas la gente permaneció haciendo cola dentro y fuera del mismo, mascando su bronca y sin que nadie le diera respuesta a su justificada inquietud.
Las veces que hemos pedido explicaciones, en nuestro simple carácter de ciudadanos, y teniendo en cuenta que el Bersa, por más que lamentablemente se privatizó, es agente financiero del estado provincial, por lo que convierte a todos los habitantes de Entre Ríos en particulares damnificados cada vez que no cumple cabalmente con su cometido, desde la gerencia o la jefatura operativa de la sucursal, siempre con muy buen ánimo y un trato deferente, han aludido a falta de respuestas por parte de la Casa Central cada vez que ellos les trasmiten las protestas del público.
Debemos creer que ello es así, pero, obviamente, con eso no nos alcanza. Hace demasiado tiempo que soportamos esta situación, y ya no nos convencen esos argumentos.
Particularmente la mañana del día miércoles fue uno de esos días terribles, que tanto en la literatura, como en la Historia, como en la información cotidiana, dieron lugar a reacciones masivas que fueron desde el simple batir de palmas, hasta la "pueblada".
Desde la literatura, y ya que hablábamos la semana pasada de los libros que leíamos en nuestra adolescencia, podemos hoy citar Fuenteovejuna, de Lope de Vega, una obra de contenido social y reivindicativo. La rebelión del pueblo unido ante la injusticia se puede considerar de una gran valentía y de carácter pedagógico. El pueblo no se propone cambiar el sistema social, sino que busca, simplemente, justicia. Y para ello la toma de su mano y luego la pide a los reyes que avalen su acción.
Desde la Historia, la Toma de la Bastilla y su consecuencia inmediata, la Revolución Francesa, ocurrieron por la desidia con la que los reyes trataban a su pueblo, situación que se resume en la célebre frase atribuida a María Antonieta, cuando la gente reclamaba por pan: "Si no tienen pan, que coman tortas". Patético.
Y desde lo periodístico y más actual, recordemos el caso Blumberg (sin estar en nuestro ánimo justificar los hechos que generó y quiénes fueron sus interesados convocantes) en el que, hábilmente fogoneado por los principales medios y multimedios de la Argentina, y haciendo pie en un problema real y acuciante, generó una enorme movilización en la Plaza de los Dos Congresos que constituyó una demostración contra la saturación que engendra la inseguridad cotidiana. Eso llevó a la sanción de la llamada "Ley Blumberg" (Ley 25.886), aprobada por el Senado y la Cámara de Diputados el 14 de abril de 2004, que modificó en el Código Penal argentino la figura de los delitos con armas. La misma, junto a dos leyes complementarias, estipula en 50 años la pena máxima de prisión por sumatoria de delitos para un condenado por delitos gravísimos (violación seguida de muerte, secuestro extorsivo seguido de muerte, etc.).
Los hechos ocurridos, reiteramos, en la mañana del miércoles en la sucursal Basavilbaso del Nuevo Bersa, no pasaron a mayores por la pasividad que es intrínseca del pueblerino, y principalmente porque dos o tres de los allí presentes asumimos, como voz cantante, la propuesta de llevar este reclamo a otras instancias, como la legislativa o la judicial, y no pasar a las vías de hecho.
Simplemente no hay derecho a tratar a la gente con ese grado de subestimación y desentendimiento de la realidad. Cada uno de los que estábamos allí esa mañana dejó sus ocupaciones por más de tres horas, en la mayoría de los casos para poder pagar obligaciones que vencían ese día, o para cobrar lo que por derecho nos correspondía, cualquiera fuera el origen de ese derecho. Y a casi todos nosotros eso nos generó inconvenientes en muchos casos insalvables o gravosos. En nuestro caso, particularmente, nos impidió pagar en tiempo y forma la tarjeta que se vencía ese mismo día en el Banco de la Nación, y a cuyo efecto debíamos cobrar un cheque en el "agente financiero" de la provincia. Pero seguramente hubo otros que resultaron mucho más damnificados, aunque para el reclamo alcanza solo con la inmoralidad de la demora. Es anecdótico ya que una señora haya tenido que comprar comida hecha porque no llegaba a tiempo para cocinarle a sus hijos que salían de la escuela, o que otra haya llegado al límite de la descompostura por los nervios, la falta de sus medicamentos y la ausencia de baños públicos. Nadie en su sano juicio puede salir de su casa para el banco pensando en que va a perder toda la mañana. Es totalmente incomprensible, por lo menos en nuestro pueblo.
En síntesis, la propuesta que allí surgió, y de la que algunos tomamos la posta, es recurrir a una alternativa que nos ofrece la Constitución de Entre Ríos reformada en 2008, que en su art. 49 establece que "Todos los habitantes mayores de dieciséis años con dos de residencia en la Provincia pueden presentar proyectos de ley ante cualquiera de las Cámaras, con el dos por ciento, como mínimo, de firmas del padrón electoral provincial". Eso, en números, equivale a alrededor de 20.000 firmas que avalen el proyecto, en el que, por lo pronto, ya estamos trabajando, y que básicamente buscará que a los fines de la protección de los derechos de usuarios, las entidades financieras y no financieras, que presten servicios de cobranzas de cualquier índole y de pago de haberes a aquellos que por convenios o disposiciones de cualquier naturaleza deban percibirlos en ellas, estén obligadas a garantizar que el tiempo de espera en caja, ventanilla y/o cajero automático, no supere el término de media hora. A tal efecto, se deberá establecer la obligación de las instituciones indicadas de poner a disposición de los usuarios o consumidores un sistema de registro voluntario de horario de llegada y de salida, como asimismo del trámite que desea realizar.
Por supuesto que el correlato de este resumen será el de las sanciones que la misma deberá prever para los casos de incumplimiento, y que deberán ser sumamente severas a fin de no terminar por parecer solo un paliativo que le cause gracia y no dolor al poderoso dueño del Banco.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires existe ya una ley similar, que establece el carácter de "práctica abusiva" las largas esperas, aun cuando se provea a los clientes de suficientes asientos, haya instalaciones sanitarias y el orden de atención sea según ticket numerado.
Sabemos contra qué vamos, porque como dijera alguna vez muy sabiamente José Ingenieros, a quién también se debería volver a leer, "los intereses creados obstruyen la justicia".
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 4 de julio de 2013
Los libros no muerden
Los libros no muerden - Editorial del 5 de julio de 2013
Hoy el disparador del tema es el reclamo que hiciera el concejal Raúl Ascaino (UCR) para que se reformen los actuales programas de estudio "de manera que el libro vuelva a ser algo importante en nuestros colegios". El edil advirtió, inteligentemente, que se perdió el hábito de la lectura y que muchos niños y jóvenes no saben leer, escribir, ni comprender un texto. Y entendió, y de ahí su reclamo, que gran parte de los problemas que aquejan a nuestra sociedad, y no solo a los jóvenes, tiene que ver con la pérdida del hábito de la lectura.
Raúl expresó en la sala de sesiones la nostalgia de los de su generación (que es también la mía) cuando recordamos que leíamos Recuerdos de Provincia y Facundo, de Sarmiento; Juvenilia, de Miguel Cané; Amalia, de José Mármol; María, de Jorge Isaacs y Platero y Yo, de Juan Ramón Jiménez entre tantos otros. Yo podría agregar Los árboles mueren de pie, de Alejandro Casona, Mis Montañas, de Joaquín V. González, y muchos más que todavía tengo guardados en mi biblioteca, forrados con el mismo papel, en el que aún está pegado el rótulo con el título y mi nombre, tal como los llevaba la colegio para la hora de Lengua.
Por supuesto que alguien podrá objetar que la importancia de algunos de estos autores, e incluso la temática de varios de ellos, se ha diluido en el tiempo. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero aun aceptándolo, hay muchísima cantidad ("una bocha", para usar lenguaje actual) de novelas, cuentos y ensayos más contemporáneos, si se quiere, que pueden incitar a los que nunca lo han hecho a comenzar a leer.
Porque en lo que no estoy de acuerdo con Raúl es en que el problema se reduzca a incluir como obligación la lectura en los planes de estudios. Su misma formación universitaria le ha enseñado que las leyes nunca van delante de los hechos. Acá no se ha dejado de leer por falta de normas que lo indiquen, sino por una falta de compromiso de la que todos somos responsables. Hay estadísticas que demuestran que en España un chico en edad escolar lee al menos cinco libros por año, sin contar los de texto. En la Argentina, en tanto, es posible escurrirse por la escuela primaria y luego por la secundaria sin haber abierto siquiera uno. Pero el gobierno pretendió solucionar el problema entregando millones de netbooks que son usadas para cualquier cosa menos para leer algo en ellas. Salvo, por supuesto, lo que se escribe, inútilmente en la mayoría de los casos, a través de las denominadas "redes sociales". De paso, y ya que estamos, esto de las redes sociales tampoco es un invento nuevo. Yo, por ejemplo, en mi infancia, integré la red social del "campito" que estaba donde hoy la Escuela "Ovidio Decroly", en el que jugábamos a la pelota desde que terminábamos de hacer los deberes hasta que ya la oscuridad no nos dejaba ni siquiera vernos a nosotros mismos. Y era una red social integrada a las comunicaciones, ya que la "ardilla" Solís relataba el partido mientras jugaba. Luego, un poco más tarde en el tiempo, sin que hiciera falta la Internet ni el Smartphone, estuve (también con Raúl) durante gran parte de nuestra adolescencia, en otro gran ejemplo de red social: el Teatro Independiente Mascarada, que nos integró con gente mucho más grande con la que aprendimos cosas que hoy valoramos. Pero ni el campito, ni el teatro nos quitaron la alegría de llegar a casa y seguir leyendo el libro que habíamos comenzado la noche anterior, sin preocuparnos por el chat ni por el wathsapp.
Y conste que no estoy para nada en contra del uso de las nuevas tecnologías. Pero sí en contra de su abuso. Porque se han inventado muchas cosas a lo largo de la Historia, pero la única forma de aprender sigue siendo la lectura.
Justamente la Historia comienza a partir de jeroglíficos y papiros, hace unos cinco mil años. Allí los humanos emprendimos un viaje con destino todavía desconocido. Atrás quedaron, en la oscuridad de la agrafía, 400.000 años de vida humana que ahora llamamos Pre Historia, precisamente porque nada sabemos de ella. Solo desde, y gracias, a la escritura podemos trasmitir conocimientos salteando generaciones. Casi un milagro. Únicamente leyendo Juvenilia, libro de recuerdos estudiantiles del escritor argentino Miguel Cané publicado en 1884, citado también acertadamente por Raúl, podemos comprender, ciento treinta años después, muchos de los comportamientos de los jóvenes del Siglo XXI.
Lo que hay que difundir, por todos los medios posibles, es que en todas las épocas, salvo la actual, leer era un raro privilegio, solamente destinado a la clase dominante, como manera de mantener en la esclavitud de la ignorancia al resto de la población. Y de ninguna manera podemos permitir que eso vuelva a ocurrir. Por eso es necesario hacer una doble lectura (justamente) de ese tan "generoso" reparto de computadoras portátiles que hace el gobierno, sin realizar un seguimiento de su uso. No les importa, porque lo que quieren es, precisamente, volver a la esclavitud de la ignorancia.
En latín, libro se dice "líber", que también quiere decir "libre". Sin embargo no necesito recurrir a las etimologías para asociar lectura y libertad. Los que estamos acostumbrados a leer, y hacemos de ello una pasión, sabemos que leyendo aprendemos a volar como pájaros de altura, trascendiendo en el tiempo y el espacio y superando, en parte, las limitaciones a que nos condena nuestra biología. Y haber podido trasmitir a mis hijos ese placer aumenta en progresión geométrica el vuelo, ya que siento que no se ha cortado el hilo que hizo que yo leyera por ver leer a mis padres, y luego Leticia, Clarisa y Laureano leyeran por verme leer a mí.
Es por eso que estoy convencido de que para que la escuela no trasmita simulacros de sabiduría y deje de entregar certificados vacíos de contenido, es preciso que se enseñe no solo la lectoescritura, sino a leer en hondura, en abundancia y, sobre todo, con placer.
El hábito de la lectura no solo instruye. Además estimula la comprensión y permite comparar, razonar y valorar, fomentando la reflexión sobre lo natural, lo humano y lo divino, construyendo puentes solidarios entre el presente, el pasado y el futuro, y guiándonos por caminos de tolerancia, humildad y respeto.
El peligro posmoderno, que representan los nuevos bárbaros (hay que leer Historia para saber lo que hicieron los viejos bárbaros), acecha a través de "especialistas" que desprecian cuanto ignoran, y son cada vez más adictos al ruido y a la imagen, porque solo leen avisos publicitarios o listas de precios. ¡Si hasta es casi imposible mirar películas por televisión ya que el desdén por la lectura obligó a los canales a doblarlas al español para sacarles los subtítulos! Así, grandes actores terminan haciendo el ridículo con la voz de otro, solamente porque nadie quiere leer ni siquiera dos renglones.
La cuestión es mucho más grave de lo que se piensa. Los fracasos cada vez más frecuentes en el paso del secundario a la universidad, cuyo número nadie se anima a difundir porque luego, como consecuencia, habría que hacerse cargo y buscar soluciones, están basados, fundamentalmente, en que los egresados del colegio no saben leer, escribir, ni comprender textos. Así, cuando se dan cuenta de que para aprobar las materias, cuando las cosas son en serio, hay que "tragarse los libros", se vuelven con el pretexto de que extrañan. Entonces, cuando vayan a votar, ahora que lo van a hacer desde los 16 años, buscarán en las boletas de candidatos soluciones mágicas que deberían encontrar ellos mismos.
Joan Margarit, un escritor catalán de quién Nardo, hace muchos años, me regaló un libro de poemas, decía que "la libertad es una biblioteca". Por eso este editorial número ochocientos está dedicado a la lectura y la "Luz Obrera", Quijote del Siglo XXI que persiste en la lucha contra los molinos de viento.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
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