Día no trabajado, mes no cobrado - Editorial del 20 de noviembre de 2009
Justo cuando íbamos a comenzar a escribir la página de hoy hemos leído con mucho beneplácito y con una inmensa alegría que no podemos ocultar, la noticia de que la totalidad de los funcionarios públicos entrerrianos y de los distintos municipios, que concurrieron el pasado martes 17 a los actos por el Día de la Militancia, ha presentado ante los organismos de los que dependen sus cargos una solicitud irrevocable de que le sea descontado el día de inasistencia a su trabajo y también, obviamente, el presentismo correspondiente.
Consideramos que es una actitud que además de ponderable, deja en claro que el principio seguido para con los docentes de nuestra provincia respecto a "día no trabajado, día no cobrado", que con tanta enjundia defienden el Sr. Gobernador y sus ministros, incluida, por supuesto, la Presidente del Consejo General de Educación (sobre todo ella, que debe defender y hacerse cargo de sus dichos "…y día no trabajado día no pagado, es una decisión política del gobernador que compartimos, y va a seguir firme"), ha calado hondo en la dirigencia. Esto no nos llama la atención, sabiendo que todos ellos pertenecen a un partido político que ha privilegiado el cumplimiento de las leyes por sobre todas las cosas.
De todas maneras, y como estamos acostumbrados a que nos sorprendan desagradablemente, hemos tomado la decisión de "hacer punta" en la ejemplificación de los hechos, poniendo a disposición nuestro recibo de sueldo de dos horas de la cátedra de Relaciones Humanas, que dictamos los días viernes en la Escuela de Educación Tecnológica N° 79 de esta ciudad. Como podrá ver el atento lector, si quiere, nos ha sido descontada la totalidad de nuestro sueldo, bajo el concepto de "descuento por días de inasistencia", tal como se ha comprometido a hacer Urribarri con quienes osamos contravenir sus especiales interpretaciones de las normas constitucionales vigentes.
Es más, en un sano ejercicio del poder público, y haciéndonos saber quién es el que manda acá, en esta estancia ubicada entre ríos, pese a que en el mes que se nos abona (septiembre) hubo un solo paro en día viernes, a modo ejemplificador, semejando los lonjazos que se solían aplicar a los que se "retobaban", nos ha dejado sin salario, aplicando una extensión del principio para ajustarse a nuestro título de hoy, pese a que hemos trabajado los tres viernes restantes. Para colmo ahora tiene el aval de Moyano y su gente, que calificó como "zurda loca manejada desde afuera" a los movimientos sindicales que se atreven a discutirle su monopólico y totalitario manejo gremial. En esa "bolsa" cayó la CTA, con lo cual también hemos caído quienes la integramos, en este caso la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos. Solo nos resta esperar a saber cuándo empezarán con la implementación de la "solución final", cuyos prolegómenos serán, seguramente, luego de esta vileza, cuestiones tales como "pueblo/antipueblo" o "patria/antipatria".
Pero no queremos dejar de expresar que nos parece una fenomenal aplicación de la justicia la que hace el primer mandatario de la provincia. Imagínese Ud., amigo lector, qué ganas pueden quedarle a un empleado de protestar o de sumarse a un plan de lucha, si como respuesta el gobierno se queda con su plata, que se ha ganado con el sudor de su frente. Ya lo dijo quien no por casualidad es la máxima autoridad de la educación en la provincia, la Prof. Bar, que en un exceso de convicción ciudadana, y haciendo gala de una profunda fe democrática, declaró, a propósito de los descuentos (a los docentes): "Por eso, pienso que esto también va a incidir en el no acatamiento a medidas de fuerzas que son exageradas en el reclamo". Esto, señoras y señores, parece que se llama ¡justicia social! Ya es hora, según la citada profesora, de que el ejercicio de los derechos cueste plata, así volvemos a los totalitarismos, que son más cómodos ya que se reprime, y listo.
Es claro, entonces, que los índices de presentismo aumentarán de aquí en adelante (Graciela Bar dixit), teniendo en cuenta el poder de convicción que tiene este gobierno, que no solo le ha encontrado la vuelta a este tema de los descuentos, sino que, además, y utilizando el antecedente directo de Goebbels por aquello de "miente, miente, que algo quedará", pone a consideración de la opinión pública los datos del paro docente del pasado viernes 13 de noviembre, pero utilizando para ello las planillas del 3 de abril. Seguramente esos números le convenían más que los reales, que manifestaban un cambio en la actitud de algunos maestros y profesores, que cansados del manoseo, habían decidido plegarse a esta medida de fuerza. Así procede, pero en forma de sátira, Les Luthiers, cuando en su tema "Visita a la Universidad de Wildstone" aclara que el video publicitario está filmado en la Universidad de Columbia, que, por supuesto es más linda y más grande. ¡Pero no es la de Wildstone!
Pero ahora estamos muy esperanzados en que a fin de mes, cuando a los funcionarios políticos que asistieron a los actos del pasado martes les sea aplicado el mismo criterio y no puedan pagar no ya la canasta básica sino las cuotas de sus cero kilómetro, ni los alquileres de sus lujosos departamentos, ni puedan irse de vacaciones, se levante el clamor popular al ponerse ellos a la cabeza de la defensa irrestricta de derechos constitucionales tan esenciales como el de festejar el Día de la Militancia, aunque caiga en fecha hábil y complique la prestación de sus tan importantes servicios.
Confiamos en que la afectación de los emolumentos de personajes tan preclaros e imprescindibles para la continuidad del sistema democrático, haga reconocer su error al Sr. Gobernador y le indique la conveniencia de legalizar la cuestión, devolviendo aquello indebidamente retenido, y ordenando que, de aquí en adelante, como debe ser, se respeten los artículos de la Constitución Nacional que se están vulnerando arteramente. Hablamos, por supuesto, del 16°, que menciona aquello tan raro de que "todos somos iguales ante la ley", del 19° que dice que "ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe" y, por supuesto, del 14° bis, que define que "Queda garantizado a los gremios…el derecho de huelga". Por supuesto que para que esto sea así, también deberá el Sr. Gobernado releer el art. 28°: "Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio", lo que no se puede hacer ni aun contando con la "mayoría automática". Conste.
A la vista de los resultados, que están a nuestro alrededor y no requieren de mucha inteligencia para advertirlos, y a juzgar por los veloces enriquecimientos de quienes pasan por el poder, el concepto de pueblo no es para ellos el mismo que tenemos nosotros. Ellos al pueblo lo conocen poco, y encima lo menosprecian.
Debemos asumir, entonces, que lo de descontar es una decisión economicista de un gobierno neoliberal y antipopular, que pretende equilibrar sus cuentas ajustando a los trabajadores, sin políticas de estado en educación y en salud. Su único fin es presionar al que menos tiene, pero sigue con presupuestos para ñoquis que bien sabemos quiénes son, para familiares, amigos, punteros, etc., los que, si les descontaran por día no trabajado, deberían pagar encima.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 19 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
Nada el pájaro y vuela el pez - Editorial del 13 de noviembre de 2009
Lo que tan visionariamente anunció María Elena Walsh hace más de cuarenta años, se está cumpliendo al pie de la letra. Ella decía (y cantaba, como cantamos tantos con ella y después de ella) "vamos a ver cómo es, el reino del revés", y ahora nosotros estamos viendo su canción hecha realidad. Lamentablemente.
Sobran los ejemplos que prueban nuestra aseveración, y vamos a recurrir a ellos para que ésta no sea solamente una expresión de ideas sino que se subsuma en hechos concretos.
Hace poco releíamos a José María Rosa, con quién estudiamos en la Facultad de Derecho de la UBA (como discípulos, no como condiscípulos, que se entienda), y de quién no se puede sospechar ideas extrañas al "sentir nacional". El que fuera uno de los más importantes historiadores argentinos, más allá de su original postura, decía que "una sociedad no es una entelequia a desarrollar fuera del tiempo, una máquina que se construyese pieza a pieza. Una sociedad es un cuerpo real y vivo, con raíces que se clavan en el pasado y ramas que se dirigen hacia arriba".
Siguiendo un poco con el hilo iniciado la pasada semana, a los efectos de terminar de desmitificar algunas cuestiones, es bueno recordar que gracias a la Historia (como ciencia, por eso va con mayúsculas) podemos reconocer los lazos filiatorios que hay entre el pasado y el presente. Nuestro hoy es hijo de nuestro ayer, y eso es indiscutible. Como pusimos alguna vez, "de aquellos polvos estos lodos".
Si no sirviera para eso la Historia no tendría interés ni objeto. Entonces, con más razón, es lógico que nos alteremos cuando se falsifica el sentido, ya que quienes lo hacen, y a conciencia, contribuyen a pervertir la política, que es la ciencia que, bien aplicada, permitirá no repetir los errores del pasado.
Aquello del "juicio inapelable de la historia" no es más que un muy difundido lugar común. La Historia no es un tribunal que dicta sentencias y menos aún con carácter de inapelables. Puede aspirar a convertirse en memoria ordenada y razonada de los pueblos, pero por ahora sólo ayuda a comprender el pasado, y a través del pasado el presente.
Vamos, entonces, a las cosas, como nos pedía Ortega y Gasset a los argentinos.
El gobernador de la provincia, militante y dirigente de un partido de masas, que más que partido es un movimiento, y que tuvo como origen una impresionante movilización popular que ya está en el folclore de nuestro país, obviamente estamos hablando del 17 de octubre de 1945, dice ahora, que "amagar con una movilización no tiene sentido y lo mismo piensan los actores que trabajan con nosotros…por eso, amenazar con medidas de fuerzas es una práctica que ya no acepta nadie".
"Llama poderosamente mi atención la coincidencia en la modalidad de las protestas"… "la posibilidad de un plan desestabilizador a las políticas del gobierno actual".
¡Qué raro! Hablando de Historia, parece que el Sr. Urribarri no tiene sentido de pertenencia, y por eso abjura de los principios que lo llevaron a él mismo al gobierno. También la Historia le enseñaría, por supuesto, que Saúl Ubaldini esperó muy poco para hacerle la vida imposible a Raúl Alfonsín con paros y movilizaciones. ¿O es que aquéllas no entran en la definición que nuestro gobernador tiene de "plan desestabilizador? Porque de ser así, y de estar de veras "persuadido" el primer mandatario entrerriano de que es posible que la oposición haga eso, y él lo condena, debería hacer un mea culpa bastante grande.
Y ese mea culpa también debería incluir, para ser justos, al Presidente del PJ de Entre Ríos, José Cáceres, quién, en otro destacadísimo gesto de cultura cívica y democrática, de apoyo a las causas nacionales y populares y de defensa de los derechos de los trabajadores (¡ja!), dijo esta semana que "Si AGMER hace la protesta el viernes, cuando llega el presidente Chávez (todavía no se sabía que no venía, así que de todas maneras quedó en "orsai"), será para empañar la fiesta y quizás podría haber una confrontación con las agrupaciones peronistas que nos van a acompañar" (le faltó decir "cinco por uno" y ya estaba completo) , en referencia a la movilización que realizará la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos hoy. "Esta es una oportunidad para hacer negocios con los empresarios entrerrianos, justamente para darle más trabajo a la gente, y una movilización (de AGMER) podría ser un acto desafortunado y hasta temerario, ya que los justicialistas no se van a quedar con los brazos cruzados si pasa algo", aseguró el dirigente, olvidándose ya no sólo del 17 de octubre, sino también de la marcha peronista, de los discursos del general, de "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados", de, de, de…
Otra, como para ir terminando (y anotando). Aumentó la cantidad de chicos en los comedores escolares del Departamento Uruguay. Así lo informó el delegado ministerial Miguel Iriarte a LT11.
Aún sin saber si la noticia se dio como buena o como mala, debemos suponemos que como mala, aunque no entendemos, entonces, la postura del funcionario. Pero si se dio como buena, entonces nosotros vamos a aportar que aunque el mundo cuente con una producción suficiente para alimentar cada boca, la cifra de personas que padece hambre ha subido dramáticamente a más de mil millones este año por primera vez en la historia de la humanidad -teniendo en cuenta que el 80% de esta población que sufre los estragos del hambre es campesino y campesina, desplazado o trabajador rural, indistintamente hombre y mujer.
No es una figura la existencia de tantas familias alrededor del hambre; es una cruda realidad. Irónicamente, esta crisis alimentaria que genera la "buena" noticia del crecimiento del número de asistentes a los comedores escolares (seguramente también se blasonará del crecimiento de los planes sociales) ha visto el desarrollo de iniciativas encaminadas en la misma dirección de las políticas que han creado el desastre actual.
La Historia, señores, también nos demuestra (¡quién quiera oír que oiga!) que esta situación que a los gobiernos kirchneristas le conviene (y le apasiona) porque les genera un clientelismo político inconmensurable, fue creada por el gobierno de Menem en la década del '90, y si bien no pudo ser solucionada en los dos años de gobierno de la Alianza, menos todavía se pudo (¿no se quiso, tampoco, dice usted?) arreglar en estos casi seis años de vida matrimonial.
Está vigente por estos días una campaña denominada "El Hambre es un Crimen", tendiente a demostrar que el problema existe y que no se va a arreglar con asistencialismo. Si el mundo toma en serio el hecho de erradicar el hambre, no existen muchas opciones.
Debemos apoyar y animar a la gente a producir alimentos para sus comunidades de manera sostenible. Una solución auténtica para la crisis alimentaria implica que la agricultura de pequeña escala, y no las corporaciones transnacionales, debe recobrar el control sobre los recursos productivos alimentarios como la tierra, las semillas, el agua y los mercados locales. Ésto es así, y habrá que buscarle la forma de armarlo rápido, antes de que se nos muera la gente o termine más cautiva de los perversos intereses partidarios. Como decía un amigo, que no estaba tan equivocado: a la gente no hay que regalarle pescado; hay que enseñarle a pescar.
No solemos mirar mucho Canal 7, porque nos parece demasiado chupamedias del poder. Pero por esto de seguir las alternativas de lo que iba a pasar en nuestra ciudad con la presencia de "Estudio País", nos encontramos con que en ese "programa federal" que tanto alaban, el periodista que representa a Catamarca denunció la falta de ambulancias en una ciudad de esa provincia (provincia en la que el kirchnerismo nunca pudo hacer pie). Pero, insólitamente, y por más que estuvimos un rato largo esperando, no escuchamos ningún comentario del representante de Santa Cruz respecto al viaje que el avión presidencial hace los domingos desde Buenos Aires hasta El Calafate a llevarle los diarios al matrimonio presidencial. ¡Por lo menos se podría haber dicho que con lo que cuestan esas horas de vuelo se podría comprar una excelente ambulancia para ese pobre pueblito catamarqueño!
En plena crisis mundial, como dice nuestra presidente, Brasil sigue creciendo y en Argentina, desde hace dos años, aumenta la pobreza, hay mayor desempleo y ya no le cierran las cuentas fiscales.
Encima, como si esto fuera poco, hay una interna sindical y "piquetera" en las calles con desestabilizacion del poder entre los propios "amigos".
La gente debe saber, entonces, que lo único que hacen los que defienden este modelo, es defender a los que se están enriqueciendo, mientras le mienten al pueblo haciéndole creer que se ocupan de él.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
Lo que tan visionariamente anunció María Elena Walsh hace más de cuarenta años, se está cumpliendo al pie de la letra. Ella decía (y cantaba, como cantamos tantos con ella y después de ella) "vamos a ver cómo es, el reino del revés", y ahora nosotros estamos viendo su canción hecha realidad. Lamentablemente.
Sobran los ejemplos que prueban nuestra aseveración, y vamos a recurrir a ellos para que ésta no sea solamente una expresión de ideas sino que se subsuma en hechos concretos.
Hace poco releíamos a José María Rosa, con quién estudiamos en la Facultad de Derecho de la UBA (como discípulos, no como condiscípulos, que se entienda), y de quién no se puede sospechar ideas extrañas al "sentir nacional". El que fuera uno de los más importantes historiadores argentinos, más allá de su original postura, decía que "una sociedad no es una entelequia a desarrollar fuera del tiempo, una máquina que se construyese pieza a pieza. Una sociedad es un cuerpo real y vivo, con raíces que se clavan en el pasado y ramas que se dirigen hacia arriba".
Siguiendo un poco con el hilo iniciado la pasada semana, a los efectos de terminar de desmitificar algunas cuestiones, es bueno recordar que gracias a la Historia (como ciencia, por eso va con mayúsculas) podemos reconocer los lazos filiatorios que hay entre el pasado y el presente. Nuestro hoy es hijo de nuestro ayer, y eso es indiscutible. Como pusimos alguna vez, "de aquellos polvos estos lodos".
Si no sirviera para eso la Historia no tendría interés ni objeto. Entonces, con más razón, es lógico que nos alteremos cuando se falsifica el sentido, ya que quienes lo hacen, y a conciencia, contribuyen a pervertir la política, que es la ciencia que, bien aplicada, permitirá no repetir los errores del pasado.
Aquello del "juicio inapelable de la historia" no es más que un muy difundido lugar común. La Historia no es un tribunal que dicta sentencias y menos aún con carácter de inapelables. Puede aspirar a convertirse en memoria ordenada y razonada de los pueblos, pero por ahora sólo ayuda a comprender el pasado, y a través del pasado el presente.
Vamos, entonces, a las cosas, como nos pedía Ortega y Gasset a los argentinos.
El gobernador de la provincia, militante y dirigente de un partido de masas, que más que partido es un movimiento, y que tuvo como origen una impresionante movilización popular que ya está en el folclore de nuestro país, obviamente estamos hablando del 17 de octubre de 1945, dice ahora, que "amagar con una movilización no tiene sentido y lo mismo piensan los actores que trabajan con nosotros…por eso, amenazar con medidas de fuerzas es una práctica que ya no acepta nadie".
"Llama poderosamente mi atención la coincidencia en la modalidad de las protestas"… "la posibilidad de un plan desestabilizador a las políticas del gobierno actual".
¡Qué raro! Hablando de Historia, parece que el Sr. Urribarri no tiene sentido de pertenencia, y por eso abjura de los principios que lo llevaron a él mismo al gobierno. También la Historia le enseñaría, por supuesto, que Saúl Ubaldini esperó muy poco para hacerle la vida imposible a Raúl Alfonsín con paros y movilizaciones. ¿O es que aquéllas no entran en la definición que nuestro gobernador tiene de "plan desestabilizador? Porque de ser así, y de estar de veras "persuadido" el primer mandatario entrerriano de que es posible que la oposición haga eso, y él lo condena, debería hacer un mea culpa bastante grande.
Y ese mea culpa también debería incluir, para ser justos, al Presidente del PJ de Entre Ríos, José Cáceres, quién, en otro destacadísimo gesto de cultura cívica y democrática, de apoyo a las causas nacionales y populares y de defensa de los derechos de los trabajadores (¡ja!), dijo esta semana que "Si AGMER hace la protesta el viernes, cuando llega el presidente Chávez (todavía no se sabía que no venía, así que de todas maneras quedó en "orsai"), será para empañar la fiesta y quizás podría haber una confrontación con las agrupaciones peronistas que nos van a acompañar" (le faltó decir "cinco por uno" y ya estaba completo) , en referencia a la movilización que realizará la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos hoy. "Esta es una oportunidad para hacer negocios con los empresarios entrerrianos, justamente para darle más trabajo a la gente, y una movilización (de AGMER) podría ser un acto desafortunado y hasta temerario, ya que los justicialistas no se van a quedar con los brazos cruzados si pasa algo", aseguró el dirigente, olvidándose ya no sólo del 17 de octubre, sino también de la marcha peronista, de los discursos del general, de "el año 2000 nos encontrará unidos o dominados", de, de, de…
Otra, como para ir terminando (y anotando). Aumentó la cantidad de chicos en los comedores escolares del Departamento Uruguay. Así lo informó el delegado ministerial Miguel Iriarte a LT11.
Aún sin saber si la noticia se dio como buena o como mala, debemos suponemos que como mala, aunque no entendemos, entonces, la postura del funcionario. Pero si se dio como buena, entonces nosotros vamos a aportar que aunque el mundo cuente con una producción suficiente para alimentar cada boca, la cifra de personas que padece hambre ha subido dramáticamente a más de mil millones este año por primera vez en la historia de la humanidad -teniendo en cuenta que el 80% de esta población que sufre los estragos del hambre es campesino y campesina, desplazado o trabajador rural, indistintamente hombre y mujer.
No es una figura la existencia de tantas familias alrededor del hambre; es una cruda realidad. Irónicamente, esta crisis alimentaria que genera la "buena" noticia del crecimiento del número de asistentes a los comedores escolares (seguramente también se blasonará del crecimiento de los planes sociales) ha visto el desarrollo de iniciativas encaminadas en la misma dirección de las políticas que han creado el desastre actual.
La Historia, señores, también nos demuestra (¡quién quiera oír que oiga!) que esta situación que a los gobiernos kirchneristas le conviene (y le apasiona) porque les genera un clientelismo político inconmensurable, fue creada por el gobierno de Menem en la década del '90, y si bien no pudo ser solucionada en los dos años de gobierno de la Alianza, menos todavía se pudo (¿no se quiso, tampoco, dice usted?) arreglar en estos casi seis años de vida matrimonial.
Está vigente por estos días una campaña denominada "El Hambre es un Crimen", tendiente a demostrar que el problema existe y que no se va a arreglar con asistencialismo. Si el mundo toma en serio el hecho de erradicar el hambre, no existen muchas opciones.
Debemos apoyar y animar a la gente a producir alimentos para sus comunidades de manera sostenible. Una solución auténtica para la crisis alimentaria implica que la agricultura de pequeña escala, y no las corporaciones transnacionales, debe recobrar el control sobre los recursos productivos alimentarios como la tierra, las semillas, el agua y los mercados locales. Ésto es así, y habrá que buscarle la forma de armarlo rápido, antes de que se nos muera la gente o termine más cautiva de los perversos intereses partidarios. Como decía un amigo, que no estaba tan equivocado: a la gente no hay que regalarle pescado; hay que enseñarle a pescar.
No solemos mirar mucho Canal 7, porque nos parece demasiado chupamedias del poder. Pero por esto de seguir las alternativas de lo que iba a pasar en nuestra ciudad con la presencia de "Estudio País", nos encontramos con que en ese "programa federal" que tanto alaban, el periodista que representa a Catamarca denunció la falta de ambulancias en una ciudad de esa provincia (provincia en la que el kirchnerismo nunca pudo hacer pie). Pero, insólitamente, y por más que estuvimos un rato largo esperando, no escuchamos ningún comentario del representante de Santa Cruz respecto al viaje que el avión presidencial hace los domingos desde Buenos Aires hasta El Calafate a llevarle los diarios al matrimonio presidencial. ¡Por lo menos se podría haber dicho que con lo que cuestan esas horas de vuelo se podría comprar una excelente ambulancia para ese pobre pueblito catamarqueño!
En plena crisis mundial, como dice nuestra presidente, Brasil sigue creciendo y en Argentina, desde hace dos años, aumenta la pobreza, hay mayor desempleo y ya no le cierran las cuentas fiscales.
Encima, como si esto fuera poco, hay una interna sindical y "piquetera" en las calles con desestabilizacion del poder entre los propios "amigos".
La gente debe saber, entonces, que lo único que hacen los que defienden este modelo, es defender a los que se están enriqueciendo, mientras le mienten al pueblo haciéndole creer que se ocupan de él.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
jueves, 5 de noviembre de 2009
30/10 - Editorial del 6 de noviembre de 2009
El viernes pasado se cumplieron veintiséis años de la reválida del derecho que tenemos los ciudadanos a elegir nuestros representantes. Este derecho, más allá de los resultados finales obtenidos, nos viene desde los tiempos de la Grecia "inventora" de la democracia, o sea desde los días en que a alguien se le ocurrió que nadie mejor para gobernarnos que nosotros mismos.
A medida que fue aumentando la cantidad de ciudadanos que habitaba las "polis", aún descontando aquellos que por ser mujeres, extranjeros o esclavos no podían votar, se fue haciendo necesario elegir de entre ellos algunos para que los representaran, porque de otra manera se hacía imposible la toma de decisiones.
Mucho se ha hablado acerca de la validez de este sistema, que nació con los defectos propios de algo hecho por los hombres, y que incluso ameritó que durante algunos períodos, en esa misma Grecia creadora, se utilizara la figura de la dictadura para "remendar" los errores. Es claro que en aquellos tiempos las dictaduras se atenían al estricto sentido de la palabra, y quienes las encabezaban, que por lo general eran preclaros e ínclitos ciudadanos, hacían exactamente eso: le dictaban a los demás lo que debían hacer. Una vez concluidos los deberes y aprendida la lección, para utilizar una metáfora escolar, el dictador se iba para su casa y la democracia resurgía.
Acá no fue tan fácil la cosa. Los dictadores no fueron jamás llamados por el pueblo sino que se autodesignaron "salvadores de la patria", y una vez puesto el pie sobre la alfombra, (para no decir otra cosa sobre el sillón) no escatimaron argumentos para explicar que el fin justificaba los medios y que tenían objetivos y no plazos.
Ahora bien, justamente al recordar ese día en el que los argentinos votamos, mayoritariamente, por las dos opciones populares que por esos tiempos se ofrecieron como alternativa, y elegimos de entre esas dos a la que nos garantizaba mayores posibilidades de enfrentar el desafío, bueno es que, más allá de recordar al Dr. Raúl Alfonsín y de añorar (esta es una visión personal del editorialista y está dicha mientras rememora aquellos inolvidables días) los actos multitudinarios (incluso el de la quema del cajón, porque de los errores también se debe aprender) y las larguísimas caravanas de esa noche, que se prolongaron hasta el lunes y lo convirtieron casi en un feriado patrio, hagamos también un análisis acerca de qué es lo que hemos hecho hasta ahora con esta propiedad que supimos conseguir, y hasta dónde somos conscientes del valor que tiene.
Si no leemos adecuadamente las líneas que nos escribe la Historia, aún la más reciente, solo conseguiremos, otra vez, que el árbol nos oculte el bosque. No resulta útil, entonces, negar que los hechos (¿deberíamos mejor decir los deshechos?) se suceden unos tras otros, a velocidades precisamente impensables, mientras el pensamiento y las ideas son devorados por la trivialidad que los deglute, que los ingiere como si la vulgaridad extrema fuese nuestro único proyecto viable. Así, mientras la mayor parte de los programas de la televisión lleva un estilo de farsa decadente, marcado por el griterío, las burlas en torno a bromas que degradan siempre a alguien, o los "ejemplos" tipo Zulma Lobato (hay muchos más, lamentablemente), la gente del país se mueve por la calle tratando de imaginar cada días más sutiles y complejas estrategias de supervivencia económica, o intentando encontrar un sentido a su propia vida en medio de una situación de caos.
A nosotros no nos convencen ya con cháchara. Nos da asco la exhibición obscena que se hace desde el poder y nos asusta la acumulación de espacios que, se nos ocurre, serán muy difícil recuperar. Cada vez que vemos las payasadas en las que se convierten los actos públicos en los que se inaugura lo ya inaugurado y se anuncia lo ya anunciado, sin ni siquiera sonrojarse ante el fracaso de lo que se inauguró o se anunció la semana anterior, el temor nos invade, porque amamos este país y porque necesitamos vivir en él para vivir, aunque esto parezca una perogrullada.
Como estamos obligados a creer en algo, y como cuando uno festeja un cumpleaños tiene que pedir tres deseos a la hora de apagar las velitas, y tirar de las orejas al homenajeado contando un año más de los que realmente cumple, a partir de ahora apostamos todas las fichas a que el día después del 10 de diciembre (otra fecha patria, de la Nueva Patria) la página de la democracia vuelva a nutrirse de los elementos que la justifican, y dejemos de lado aquellas cosas perniciosas que algunos confunden y tildan de democráticas.
En una Argentina que propuso que "con la democracia se come, se educa, se cura…", para luego amenazar con una "revolución productiva", y caer, finalmente, en las redes hábilmente arrojadas al agua por el matrimonio ahora presidencial, la realidad nos indica que cada vez hay más pobres y más desencantados, y hay muchos que se desesperan imaginando que no hay salida.
Creemos que va siendo hora de pensar que dos años pasan rápidamente, y que tenemos que ayudar a que pasen, y a que pasen lo más rápidamente. Para eso debemos ser conscientes de que los argentinos tenemos una verdadera pasión por abrazar "ideas totales", según los humores y las circunstancias, entregándonos a un credo (no en el sentido religioso, por favor, que se entienda) sin admitir que la verdad jamás es una sola, sino diversa y a veces no compatible la una con la otra. Estamos preparando un ensayo respecto a la cuestión de ser "gorila", tratando de analizarlo, lo más desapasionadamente posible que podamos (asumiendo la dificultad que eso conlleva), pero seguros de que hace falta desmitificar esa cuestión, porque acusando a los demás con ese mote se termina muchas veces justificando lo injustificable. A nosotros, en principio, no nos quedan dudas respecto a que muchos de los gobiernos justicialistas, específicamente el de Menem y el actual, entran más justamente en la definición de gorilas que otros que fueron denunciados de ello.
Pareciera que estaría llegando la hora de asumir la responsabilidad de todos, acordándonos, por ejemplo, a la hora de "sacarle el bulto", que muchos admiraban a Carlos Menem por sus salidas nocturnas y su afición por las mujeres y los lujos. Y a esos mismos, ahora, les cuesta mucho explicar por qué, por ejemplo, el criterio de memoria y justicia, o de Nunca Más, o de juicio y castigo a los culpables, que tanto pregonan, no se aplica a la hora de aclararle, sobre todo a la juventud esperanzada, cuál es la razón por la que hoy tenemos que reactivar los ferrocarriles. Como dice sabiamente Francisco Luis Bernárdez, "para recobrar lo recobrado tuve que haber perdido primero lo perdido".
La idea de que el pueblo alemán era inocente y los nazis, con Hitler a la cabeza, los únicos culpables, es un cuento parecido a la letra de ese tango que habla de la "costurerita que dio el mal paso". No nos olvidemos, y eso es tan cierto como tantas otras cosas que se dan por indiscutibles, que el pueblo argentino aplaudió a la Junta cuando salimos campeones del mundo, avalando, aún sin querer, aquello de "somos derechos y humanos", mientras en la ESMA, a muy poca cuadras del Monumental, se torturaba y se mataba. Tampoco olvidemos que el 30 de marzo de 1982 fuimos a la plaza a pedir la cabeza de Galtieri, y a los dos días fuimos a adorarlo porque había "recuperado las Malvinas".
Pero es claro que, para completarla, y a esto lo vamos a analizar cuando estudiemos el fenómeno del "gorilismo", bueno sería que así como en ese terrorífico edificio (hablamos de la ESMA, no del otro) se hizo un museo de la memoria, se descubrieron placas y se bajaron cuadros, no estaría nada mal que, en homenaje a esta democracia que tanto nos costó conseguir y tanto nos cuesta mantener, se haga lo mismo respecto a los autores materiales e intelectuales de la entrega de las empresas del estado y del pago de la deuda ilegítima, cosas que se hicieron en democracia y a costa del hambre de varias generaciones de argentinos.
¡Después si hablaremos de gorilas!
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
El viernes pasado se cumplieron veintiséis años de la reválida del derecho que tenemos los ciudadanos a elegir nuestros representantes. Este derecho, más allá de los resultados finales obtenidos, nos viene desde los tiempos de la Grecia "inventora" de la democracia, o sea desde los días en que a alguien se le ocurrió que nadie mejor para gobernarnos que nosotros mismos.
A medida que fue aumentando la cantidad de ciudadanos que habitaba las "polis", aún descontando aquellos que por ser mujeres, extranjeros o esclavos no podían votar, se fue haciendo necesario elegir de entre ellos algunos para que los representaran, porque de otra manera se hacía imposible la toma de decisiones.
Mucho se ha hablado acerca de la validez de este sistema, que nació con los defectos propios de algo hecho por los hombres, y que incluso ameritó que durante algunos períodos, en esa misma Grecia creadora, se utilizara la figura de la dictadura para "remendar" los errores. Es claro que en aquellos tiempos las dictaduras se atenían al estricto sentido de la palabra, y quienes las encabezaban, que por lo general eran preclaros e ínclitos ciudadanos, hacían exactamente eso: le dictaban a los demás lo que debían hacer. Una vez concluidos los deberes y aprendida la lección, para utilizar una metáfora escolar, el dictador se iba para su casa y la democracia resurgía.
Acá no fue tan fácil la cosa. Los dictadores no fueron jamás llamados por el pueblo sino que se autodesignaron "salvadores de la patria", y una vez puesto el pie sobre la alfombra, (para no decir otra cosa sobre el sillón) no escatimaron argumentos para explicar que el fin justificaba los medios y que tenían objetivos y no plazos.
Ahora bien, justamente al recordar ese día en el que los argentinos votamos, mayoritariamente, por las dos opciones populares que por esos tiempos se ofrecieron como alternativa, y elegimos de entre esas dos a la que nos garantizaba mayores posibilidades de enfrentar el desafío, bueno es que, más allá de recordar al Dr. Raúl Alfonsín y de añorar (esta es una visión personal del editorialista y está dicha mientras rememora aquellos inolvidables días) los actos multitudinarios (incluso el de la quema del cajón, porque de los errores también se debe aprender) y las larguísimas caravanas de esa noche, que se prolongaron hasta el lunes y lo convirtieron casi en un feriado patrio, hagamos también un análisis acerca de qué es lo que hemos hecho hasta ahora con esta propiedad que supimos conseguir, y hasta dónde somos conscientes del valor que tiene.
Si no leemos adecuadamente las líneas que nos escribe la Historia, aún la más reciente, solo conseguiremos, otra vez, que el árbol nos oculte el bosque. No resulta útil, entonces, negar que los hechos (¿deberíamos mejor decir los deshechos?) se suceden unos tras otros, a velocidades precisamente impensables, mientras el pensamiento y las ideas son devorados por la trivialidad que los deglute, que los ingiere como si la vulgaridad extrema fuese nuestro único proyecto viable. Así, mientras la mayor parte de los programas de la televisión lleva un estilo de farsa decadente, marcado por el griterío, las burlas en torno a bromas que degradan siempre a alguien, o los "ejemplos" tipo Zulma Lobato (hay muchos más, lamentablemente), la gente del país se mueve por la calle tratando de imaginar cada días más sutiles y complejas estrategias de supervivencia económica, o intentando encontrar un sentido a su propia vida en medio de una situación de caos.
A nosotros no nos convencen ya con cháchara. Nos da asco la exhibición obscena que se hace desde el poder y nos asusta la acumulación de espacios que, se nos ocurre, serán muy difícil recuperar. Cada vez que vemos las payasadas en las que se convierten los actos públicos en los que se inaugura lo ya inaugurado y se anuncia lo ya anunciado, sin ni siquiera sonrojarse ante el fracaso de lo que se inauguró o se anunció la semana anterior, el temor nos invade, porque amamos este país y porque necesitamos vivir en él para vivir, aunque esto parezca una perogrullada.
Como estamos obligados a creer en algo, y como cuando uno festeja un cumpleaños tiene que pedir tres deseos a la hora de apagar las velitas, y tirar de las orejas al homenajeado contando un año más de los que realmente cumple, a partir de ahora apostamos todas las fichas a que el día después del 10 de diciembre (otra fecha patria, de la Nueva Patria) la página de la democracia vuelva a nutrirse de los elementos que la justifican, y dejemos de lado aquellas cosas perniciosas que algunos confunden y tildan de democráticas.
En una Argentina que propuso que "con la democracia se come, se educa, se cura…", para luego amenazar con una "revolución productiva", y caer, finalmente, en las redes hábilmente arrojadas al agua por el matrimonio ahora presidencial, la realidad nos indica que cada vez hay más pobres y más desencantados, y hay muchos que se desesperan imaginando que no hay salida.
Creemos que va siendo hora de pensar que dos años pasan rápidamente, y que tenemos que ayudar a que pasen, y a que pasen lo más rápidamente. Para eso debemos ser conscientes de que los argentinos tenemos una verdadera pasión por abrazar "ideas totales", según los humores y las circunstancias, entregándonos a un credo (no en el sentido religioso, por favor, que se entienda) sin admitir que la verdad jamás es una sola, sino diversa y a veces no compatible la una con la otra. Estamos preparando un ensayo respecto a la cuestión de ser "gorila", tratando de analizarlo, lo más desapasionadamente posible que podamos (asumiendo la dificultad que eso conlleva), pero seguros de que hace falta desmitificar esa cuestión, porque acusando a los demás con ese mote se termina muchas veces justificando lo injustificable. A nosotros, en principio, no nos quedan dudas respecto a que muchos de los gobiernos justicialistas, específicamente el de Menem y el actual, entran más justamente en la definición de gorilas que otros que fueron denunciados de ello.
Pareciera que estaría llegando la hora de asumir la responsabilidad de todos, acordándonos, por ejemplo, a la hora de "sacarle el bulto", que muchos admiraban a Carlos Menem por sus salidas nocturnas y su afición por las mujeres y los lujos. Y a esos mismos, ahora, les cuesta mucho explicar por qué, por ejemplo, el criterio de memoria y justicia, o de Nunca Más, o de juicio y castigo a los culpables, que tanto pregonan, no se aplica a la hora de aclararle, sobre todo a la juventud esperanzada, cuál es la razón por la que hoy tenemos que reactivar los ferrocarriles. Como dice sabiamente Francisco Luis Bernárdez, "para recobrar lo recobrado tuve que haber perdido primero lo perdido".
La idea de que el pueblo alemán era inocente y los nazis, con Hitler a la cabeza, los únicos culpables, es un cuento parecido a la letra de ese tango que habla de la "costurerita que dio el mal paso". No nos olvidemos, y eso es tan cierto como tantas otras cosas que se dan por indiscutibles, que el pueblo argentino aplaudió a la Junta cuando salimos campeones del mundo, avalando, aún sin querer, aquello de "somos derechos y humanos", mientras en la ESMA, a muy poca cuadras del Monumental, se torturaba y se mataba. Tampoco olvidemos que el 30 de marzo de 1982 fuimos a la plaza a pedir la cabeza de Galtieri, y a los dos días fuimos a adorarlo porque había "recuperado las Malvinas".
Pero es claro que, para completarla, y a esto lo vamos a analizar cuando estudiemos el fenómeno del "gorilismo", bueno sería que así como en ese terrorífico edificio (hablamos de la ESMA, no del otro) se hizo un museo de la memoria, se descubrieron placas y se bajaron cuadros, no estaría nada mal que, en homenaje a esta democracia que tanto nos costó conseguir y tanto nos cuesta mantener, se haga lo mismo respecto a los autores materiales e intelectuales de la entrega de las empresas del estado y del pago de la deuda ilegítima, cosas que se hicieron en democracia y a costa del hambre de varias generaciones de argentinos.
¡Después si hablaremos de gorilas!
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
viernes, 30 de octubre de 2009
Emparejar para abajo - Editorial del 30 de octubre de 2009
La pasada semana publicábamos un artículo que, bajo el vanidoso nombre "Lineamientos políticos y estratégicos de la educación secundaria obligatoria" tiene el supuesto objetivo de reformar la escuela secundaria para evitar la "expulsión" de los alumnos del sistema educativo.
Según el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, la principal meta es que "el alumno que ingresa debe egresar".
Por supuesto que no se rompieron mucho la cabeza para imaginar soluciones de fondo al problema, sino que, otra vez, apelaron a viejas mañas demagógicas que no son ni siquiera un esbozo de gatopardismo, porque no es que cambien todo para que no cambie nada, según el conocido axioma, sino que cambian todo para peor.
En vez de tratar de lograr que los alumnos mejoren su nivel, a estos genios se les ocurrió que el "nuevo" sistema educativo incluya la posibilidad de que los alumnos puedan dejar previas para el próximo año más de dos asignaturas.
Otra de las "innovaciones" es la convicción de que la evaluación no puede constituir, por principio, una herramienta de expulsión o exclusión del sistema, y acá queremos detenernos un poco.
En esta misma edición publicamos una noticia que tiene que ver con la premiación de la excelencia, medida a través de las notas logradas en un título universitario, y, mientras eso sucede en ese ámbito, y nadie discute que aquél alumno que tiene mejores notas tendrá mejores posibilidades de acceder a los mercados laborales y académicos, nosotros todavía seguimos perdiendo el tiempo en meras cuestiones idiomáticas que, en la confusión, generan una actitud de emparejar, pero hacia abajo.
Antes con años, como decía mi abuela, se clasificaba. Lo que significaba dividir a los alumnos en diferentes clases o categorías de seres, inteligencias o comportamientos. Luego "progresamos" y empezamos a calificar. Era lo mismo, pero sonaba mejor, más humano, menos mecánico. Más tarde surgió el último grito en el respeto al alumno, que de eso aparentemente se trata, y así fue como entramos en la era de la evaluación.
Entonces, mientras les permitimos a los alumnos llevarse más previas, nos seguimos preguntando cómo nos está yendo en educación.
Y, sincerémonos, el resultado viene bastante magro, y la cosecha es de calidad bastante criticable. ¿Qué nos falla? Nos fallan las matemáticas y el lenguaje. ¿Y por qué justamente esas asignaturas y no otras? Nadie responde.
Matemáticas y lenguaje llevan una carga tradicional (casi desde siempre) acerca de su relevancia en el desarrollo intelectual de una persona, y así el resto de la currícula sigue siendo una incógnita, un decorado, un encuadre para que las divisiones y las oraciones subordinadas puedan sobrevivir. A la hora de evaluar la educación, el que no distinga entre sujeto y predicado tendrá un futuro imperfecto.
Hemos dicho muchas veces acá, y en los ámbitos educativos correspondientes, que de la Ley Federal de Educación en adelante, o mejor deberíamos decir desde el Congreso Pedagógico, a la escuela argentina le entró la manía del verbalismo para expresar y demostrar teorías. Pese a que René Descartes dijo que las ideas han de ser claras, acá se empeñaron en complicarlas creyendo que eso les daba título de contenido, sin ver que solo lograban ocultar su propio vacío.
Nosotros hace mucho que sostenemos que a la escuela se va a estudiar. O, si Ud. quiere, a aprender. Y los maestros están para enseñar, siempre y cuando se les pague lo que les corresponde y lo que valen.
Pero, para completar, los padres deben apoyar esta acción, de cerca, con amor, y con acción en sus propias casas, explicándoles a los hijos que van a la escuela a aprender, a absorber cultura, requerimiento elemental de la sociedad humana.
Y las autoridades educativas, en vez de dedicarse a hacer números pensando cuánto van a ganar descontándoles a los docentes los días de huelga, deberían abocarse a una especie de abstinencia lingüística para poner todo el esfuerzo en descubrir qué necesitan estudiar nuestros hijos y, de paso, sacrificar demagogias acerca de la escuela "atractiva, simpática, interesante, divertida".
Jamás un balance o un estado de resultados serán divertidos para los alumnos. Y mucho menos los logaritmos o la Constitución Nacional. Pero ese no es el objetivo final de la educación, así que no debemos preocuparnos.
Y contra esto conspira el criterio expresado por el Ministro de Educación de la Nación, que dice que "tenemos que romper la representación de que la escuela secundaria es para pocos y selectiva. Se trata de pensar algunas estrategias de evaluación que consideren la posibilidad de que el alumno que ingresa debe egresar". Lo que no dice el Ministro es que a ellos no les interesa cómo egresa, total después se encargarán el mercado laboral o los ingresos a las universidades de marcarles sus carencias. Pero ya será tarde para todo, salvo para engrosar las filas de los abonados a los planes sociales. ¿O será ese, por fin, el propósito oculto de este plan?
También tienen una idea "revolucionaria" respecto al ausentismo, y por eso "estudiaron" una posible flexibilización del sistema de control de faltas. Bueno, si lo anterior era absurdo, esto es más absurdo todavía.
Hoy es muy normal que haya alumnos que terminen el año (aprobando) habiendo tenido treinta faltas, e incluso más. No hay manera, cualquiera sea la forma de enseñar que tenga el docente, de que las clases con alumnos ausentes consuetudinariamente rindan sus frutos.
Por más que legalmente estén autorizados y no puedan quedar libres, el desnivel educativo se advertirá, finalmente, como resultado querido o no querido.
La educación tiene un extraño magnetismo: muchos creen saber lo suficiente como para destacar sus errores y proponer al mismo tiempo el modo de corregir sus faltas. Pero en la mayoría de esos diagnósticos los juicios se formulan de modo categórico y generalizado, lo cual no les asegura de por sí certeza.
A nosotros nos parece que la única solución es que el docente debe ser revalorizado, y debe ser él quien tome las decisiones finales en esta cuestión.
Él es el ejecutor de una programación educativa que tiene que ser flexible ante los datos de una realidad dinámica, a veces mezquina y, otras, más generosa.
Hay que confiar más en la calidad de los recursos y en la profesionalidad de quien enseña y sabe adecuar sus medios a sus alumnos y sus circunstancias, sin someterse a documentos bizantinos que hacen referencia a una escuela cada vez más abstracta.
Dr. Mario Ignacio Arcusin para Semanario Crónica de Basavilbaso
La pasada semana publicábamos un artículo que, bajo el vanidoso nombre "Lineamientos políticos y estratégicos de la educación secundaria obligatoria" tiene el supuesto objetivo de reformar la escuela secundaria para evitar la "expulsión" de los alumnos del sistema educativo.
Según el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, la principal meta es que "el alumno que ingresa debe egresar".
Por supuesto que no se rompieron mucho la cabeza para imaginar soluciones de fondo al problema, sino que, otra vez, apelaron a viejas mañas demagógicas que no son ni siquiera un esbozo de gatopardismo, porque no es que cambien todo para que no cambie nada, según el conocido axioma, sino que cambian todo para peor.
En vez de tratar de lograr que los alumnos mejoren su nivel, a estos genios se les ocurrió que el "nuevo" sistema educativo incluya la posibilidad de que los alumnos puedan dejar previas para el próximo año más de dos asignaturas.
Otra de las "innovaciones" es la convicción de que la evaluación no puede constituir, por principio, una herramienta de expulsión o exclusión del sistema, y acá queremos detenernos un poco.
En esta misma edición publicamos una noticia que tiene que ver con la premiación de la excelencia, medida a través de las notas logradas en un título universitario, y, mientras eso sucede en ese ámbito, y nadie discute que aquél alumno que tiene mejores notas tendrá mejores posibilidades de acceder a los mercados laborales y académicos, nosotros todavía seguimos perdiendo el tiempo en meras cuestiones idiomáticas que, en la confusión, generan una actitud de emparejar, pero hacia abajo.
Antes con años, como decía mi abuela, se clasificaba. Lo que significaba dividir a los alumnos en diferentes clases o categorías de seres, inteligencias o comportamientos. Luego "progresamos" y empezamos a calificar. Era lo mismo, pero sonaba mejor, más humano, menos mecánico. Más tarde surgió el último grito en el respeto al alumno, que de eso aparentemente se trata, y así fue como entramos en la era de la evaluación.
Entonces, mientras les permitimos a los alumnos llevarse más previas, nos seguimos preguntando cómo nos está yendo en educación.
Y, sincerémonos, el resultado viene bastante magro, y la cosecha es de calidad bastante criticable. ¿Qué nos falla? Nos fallan las matemáticas y el lenguaje. ¿Y por qué justamente esas asignaturas y no otras? Nadie responde.
Matemáticas y lenguaje llevan una carga tradicional (casi desde siempre) acerca de su relevancia en el desarrollo intelectual de una persona, y así el resto de la currícula sigue siendo una incógnita, un decorado, un encuadre para que las divisiones y las oraciones subordinadas puedan sobrevivir. A la hora de evaluar la educación, el que no distinga entre sujeto y predicado tendrá un futuro imperfecto.
Hemos dicho muchas veces acá, y en los ámbitos educativos correspondientes, que de la Ley Federal de Educación en adelante, o mejor deberíamos decir desde el Congreso Pedagógico, a la escuela argentina le entró la manía del verbalismo para expresar y demostrar teorías. Pese a que René Descartes dijo que las ideas han de ser claras, acá se empeñaron en complicarlas creyendo que eso les daba título de contenido, sin ver que solo lograban ocultar su propio vacío.
Nosotros hace mucho que sostenemos que a la escuela se va a estudiar. O, si Ud. quiere, a aprender. Y los maestros están para enseñar, siempre y cuando se les pague lo que les corresponde y lo que valen.
Pero, para completar, los padres deben apoyar esta acción, de cerca, con amor, y con acción en sus propias casas, explicándoles a los hijos que van a la escuela a aprender, a absorber cultura, requerimiento elemental de la sociedad humana.
Y las autoridades educativas, en vez de dedicarse a hacer números pensando cuánto van a ganar descontándoles a los docentes los días de huelga, deberían abocarse a una especie de abstinencia lingüística para poner todo el esfuerzo en descubrir qué necesitan estudiar nuestros hijos y, de paso, sacrificar demagogias acerca de la escuela "atractiva, simpática, interesante, divertida".
Jamás un balance o un estado de resultados serán divertidos para los alumnos. Y mucho menos los logaritmos o la Constitución Nacional. Pero ese no es el objetivo final de la educación, así que no debemos preocuparnos.
Y contra esto conspira el criterio expresado por el Ministro de Educación de la Nación, que dice que "tenemos que romper la representación de que la escuela secundaria es para pocos y selectiva. Se trata de pensar algunas estrategias de evaluación que consideren la posibilidad de que el alumno que ingresa debe egresar". Lo que no dice el Ministro es que a ellos no les interesa cómo egresa, total después se encargarán el mercado laboral o los ingresos a las universidades de marcarles sus carencias. Pero ya será tarde para todo, salvo para engrosar las filas de los abonados a los planes sociales. ¿O será ese, por fin, el propósito oculto de este plan?
También tienen una idea "revolucionaria" respecto al ausentismo, y por eso "estudiaron" una posible flexibilización del sistema de control de faltas. Bueno, si lo anterior era absurdo, esto es más absurdo todavía.
Hoy es muy normal que haya alumnos que terminen el año (aprobando) habiendo tenido treinta faltas, e incluso más. No hay manera, cualquiera sea la forma de enseñar que tenga el docente, de que las clases con alumnos ausentes consuetudinariamente rindan sus frutos.
Por más que legalmente estén autorizados y no puedan quedar libres, el desnivel educativo se advertirá, finalmente, como resultado querido o no querido.
La educación tiene un extraño magnetismo: muchos creen saber lo suficiente como para destacar sus errores y proponer al mismo tiempo el modo de corregir sus faltas. Pero en la mayoría de esos diagnósticos los juicios se formulan de modo categórico y generalizado, lo cual no les asegura de por sí certeza.
A nosotros nos parece que la única solución es que el docente debe ser revalorizado, y debe ser él quien tome las decisiones finales en esta cuestión.
Él es el ejecutor de una programación educativa que tiene que ser flexible ante los datos de una realidad dinámica, a veces mezquina y, otras, más generosa.
Hay que confiar más en la calidad de los recursos y en la profesionalidad de quien enseña y sabe adecuar sus medios a sus alumnos y sus circunstancias, sin someterse a documentos bizantinos que hacen referencia a una escuela cada vez más abstracta.
Dr. Mario Ignacio Arcusin para Semanario Crónica de Basavilbaso
viernes, 23 de octubre de 2009
Peyton Place - Editorial del 23 de octubre de 2009
Tres noticias dan lugar a la temática de la página de hoy.
Una tiene que ver con que el ex presidente Fernando de la Rúa irá a juicio oral en la causa por el pago de sobornos en el Senado para aprobar la ley de reforma laboral en 2000. Solamente diremos, respecto a esto, por ahora, que nos extraña sobremanera que sin haber pruebas contra De la Rúa (por quién, de todas maneras, no estamos poniendo las manos en el fuego) se apele al principio de que el máximo mandatario debe saber, y es responsable de ello, todo lo que hacen sus subalternos. En ese caso celebraremos que, con idéntico criterio, y utilizando los mecanismos que la Constitución Nacional prevé para estos casos, se procese a los también máximos responsables de las causas Skanska, Conarpesa, Antonini Wilson, Jaime, D'Elía, etc., aún cuando en este caso no se trate de un vapuleado ex presidente al que le tocó gobernar en un período muy inestable (para lo que, obviamente, no estaba preparado), sino de los actuales, real y virtual, mandatarios.
La otra, que comparte protagonista, tiene que ver con las declaraciones del ¿ex? presidente Néstor Kirchner en un acto que encabezó el martes por la noche en Córdoba, donde aseguró: "Nos gustaría tener enfrente a una oposición que tenga ideas y que no agravie".
Alguien debería advertirle a Kirchner que lo malo del autoritarismo es que es un sistema de gobierno y una doctrina en la que todas las actividades de una sociedad están sometidas a los fines de los dirigentes y de la ideología totalitaria inspiradora del Estado, o quizás deberían hacerle leer un poco más de Historia, que es la ciencia que enseña a no repetir los errores. Por ejemplo, no abrevar tanto en las aguas del stalinismo, del que parece ser un admirador confeso, a la luz de los hechos.
Los regímenes autoritarios suelen surgir como respuesta a un supuesto caos social, donde se hace imprescindible encontrar un responsable que justifique los excesos del régimen, y esto es lo que está buscando hacernos creer este personaje que se torna cada vez más nefasto para la Argentina, a medida que va dejando de lado toda razón y toda lógica.
Y el último. Ese mismo día, en el microestadio de Racing, en Avellaneda, la Presidente, en un acto de incorporación de 10.000 "cooperativistas" al Programa Social con Trabajo, aprovechó la ocasión para elogiar su propia gestión y criticar a la oposición. ¿La alumna supera al maestro?
Dijo Cristina Fernández: "No nos reunimos para criticar a los demás, nos reunimos para hacer cosas, para celebrar y para festejar el trabajo, la dignidad. Creo, además, que es la mejor manera de reunirnos y encontrarnos. Lo demás, dejémoslo para aquellos que no tienen nada bueno que contar, tal vez porque no hicieron nada bueno", sostuvo. (Nota del autor: Este párrafo debe ser releído al terminar de leer el editorial).
Ahora vamos a empezar a desgranar nosotros estos tres "disparadores", que nos dan una excelente oportunidad para relacionar pasado, presente y futuro.
Pablo Pérsico, hijo de un importante funcionario kirchnerista de la primera hora, surgido precisamente de movimientos como el que Cristina apoyó el pasado martes en Avellaneda, fue detenido cuando, en una camioneta oficial que manejaba (pese a que Pablo Pérsico no trabajaba en el Ministerio de Desarrollo Social donde sí "trabaja" su padre) se encontraron plantas de marihuana. Suponemos nosotros (¡solo suponemos, eh, porque a esta altura se puede esperar cualquier cosa!) que el destino de la camioneta no era el traslado de marihuana, de manera que también hay que investigar una malversación de caudales públicos.
Con todo el derecho del mundo, y porque alguien tiene que hacerse cargo de las consecuencias queridas y no queridas de los hechos que genera, ayer, después de un acto en la gobernación bonaerense, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, sostuvo, al ser consultado sobre el escándalo: "si un juez de la Corte dice que podemos cultivar marihuana en el balcón, entonces todo es posible".
No es la primera vez que se encuentra droga en una camioneta del Estado nacional. Hace casi un año se encontraron siete kilos de cocaína en una camioneta de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). ¿No será hora de que la defensa de De la Rúa invoque estos casos como probatorios de que en este país no se mide con la misma vara? ¿O alguien tendrá que denunciar a los Kirchner para que la balanza se equilibre?
De cuando en cuando una crisis pública, sin llegar a sacudir los cimientos de la gobernabilidad, deja magulladuras porque se mezcla lo público con lo privado, ya que el escándalo hace salir a la luz los secretos hasta ese entonces guardados, o protegidos, por la institucionalidad.
Pusimos el título de hoy, que recuerda a una muy famosa serie de la televisión de los '60, porque se trata de la historia de una gran aldea que se creía ciudad y que vuelve a mostrar públicamente sus pecados, porque las élites rompen sus cohesiones. Cada uno busca salvarse por sí solo al volar por los aires los vínculos colectivos que hasta ese entonces los mantenían unidos, o aparentar que lo estaban.
En nuestra pequeña "caldera del diablo" (que ese era el nombre de la miniserie en la Argentina) estamos asistiendo a un enfrentamiento que creemos se está tornando demasiado "sangriento", ya que trasciende lo meramente partidario para inmiscuirse en las esferas de gobierno, creando en los ciudadanos una sensación de vacío de poder que preocupa.
En el orden provincial es evidente que hay una mitad del oficialismo "arrimada" al gobernador Urribarri, muy abiertamente en la vereda de enfrente del sector encabezado por Busti. Así, en consecuencia, los intendentes que necesitan de las partidas de todos los días, son urribarristas, al igual que los funcionarios que necesitan mantenerse en sus puestos, mientras que los legisladores, o por lo menos los diputados, son bustistas, respondiendo a la cabeza de ese poder. Para colmo ese alineamiento se proyecta para arriba y para abajo. Para arriba porque Jorge Busti abjura del kirchnerismo mientras Urribarri es un testigo presencial de cuanto acto haya convocado la presidente o su marido. Y para abajo, porque, como bien sabemos por haberlo advertido en los hechos y por haberlo escuchado de boca de los protagonistas, en nuestra ciudad hay un sector claramente identificado con Julio Aldaz, conformado por la Presidente Municipal, sus funcionarios más fieles y dos concejales, y otro que reconoce el liderazgo de Fabián Flores y tiene en sus filas al presidente del Honorable Concejo Deliberante y a los restantes ediles ¿oficialistas?
Acá correspondería, en este hábito que tenemos de relacionar las cosas, preguntarle a Néstor Kirchner (¡si nos escuchara!), si cuando hablaba de "oposición" en aquél acto de Córdoba se refería también a la del propio riñón del PJ. Porque nosotros, acá, hemos escuchado que en algunas cuestiones se ha valorado más la palabra de los extraños que la de los propios.
Creemos que sería bueno que la población escuche alguna explicación sensata al respecto, y no solo los vanos intentos de "tapar el sol con la mano" a los que hemos asistido hasta ahora.
Las pruebas de que si ésto no se encara con seriedad, a más de dos años de la finalización del mandato, pueden ocurrir situaciones lamentables para la gobernabilidad y la convivencia, las hemos tenido a montones. Pero como los espacios son tiranos, tomaremos solo dos, y así concluiremos por hoy.
Mientras la Presidente promueve movimientos "cooperativistas" (por llamarlos como ella los llama), en nuestra ciudad el intento de apoyar los emprendimientos de ese tipo (hablamos de la Feria Comunitaria) ha desnudado intereses contrapuestos que hasta pusieron en riesgo la misma continuidad del proyecto que, recordemos, más allá de las objeciones y los controles que requiere, da de comer a la gente. Porque no sólo de puestos públicos inexistentes vive el hombre.
El Colegio Nacional de Basavilbaso cumplió 50 años. La realidad (que manda) hizo que los festejos debieran concretarse un 17 de octubre. Y esa misma realidad raleó de representantes del pueblo (elegidos y designados por los elegidos) tanto al acto protocolar como a la cena. ¿Es necesario recordar que preocuparse por la educación no es solo inaugurar y reinaugurar refacciones de escuelas o entregar cheques que ya fueron entregados? La Lealtad debería haberse demostrado, a nuestro modesto entender, primero con la Patria. Y los 50 años del Colegio Nacional indudablemente hicieron Patria en este pueblo, mal que les pese a los que optaron por la segunda opción de las tres que propuso el General.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
Tres noticias dan lugar a la temática de la página de hoy.
Una tiene que ver con que el ex presidente Fernando de la Rúa irá a juicio oral en la causa por el pago de sobornos en el Senado para aprobar la ley de reforma laboral en 2000. Solamente diremos, respecto a esto, por ahora, que nos extraña sobremanera que sin haber pruebas contra De la Rúa (por quién, de todas maneras, no estamos poniendo las manos en el fuego) se apele al principio de que el máximo mandatario debe saber, y es responsable de ello, todo lo que hacen sus subalternos. En ese caso celebraremos que, con idéntico criterio, y utilizando los mecanismos que la Constitución Nacional prevé para estos casos, se procese a los también máximos responsables de las causas Skanska, Conarpesa, Antonini Wilson, Jaime, D'Elía, etc., aún cuando en este caso no se trate de un vapuleado ex presidente al que le tocó gobernar en un período muy inestable (para lo que, obviamente, no estaba preparado), sino de los actuales, real y virtual, mandatarios.
La otra, que comparte protagonista, tiene que ver con las declaraciones del ¿ex? presidente Néstor Kirchner en un acto que encabezó el martes por la noche en Córdoba, donde aseguró: "Nos gustaría tener enfrente a una oposición que tenga ideas y que no agravie".
Alguien debería advertirle a Kirchner que lo malo del autoritarismo es que es un sistema de gobierno y una doctrina en la que todas las actividades de una sociedad están sometidas a los fines de los dirigentes y de la ideología totalitaria inspiradora del Estado, o quizás deberían hacerle leer un poco más de Historia, que es la ciencia que enseña a no repetir los errores. Por ejemplo, no abrevar tanto en las aguas del stalinismo, del que parece ser un admirador confeso, a la luz de los hechos.
Los regímenes autoritarios suelen surgir como respuesta a un supuesto caos social, donde se hace imprescindible encontrar un responsable que justifique los excesos del régimen, y esto es lo que está buscando hacernos creer este personaje que se torna cada vez más nefasto para la Argentina, a medida que va dejando de lado toda razón y toda lógica.
Y el último. Ese mismo día, en el microestadio de Racing, en Avellaneda, la Presidente, en un acto de incorporación de 10.000 "cooperativistas" al Programa Social con Trabajo, aprovechó la ocasión para elogiar su propia gestión y criticar a la oposición. ¿La alumna supera al maestro?
Dijo Cristina Fernández: "No nos reunimos para criticar a los demás, nos reunimos para hacer cosas, para celebrar y para festejar el trabajo, la dignidad. Creo, además, que es la mejor manera de reunirnos y encontrarnos. Lo demás, dejémoslo para aquellos que no tienen nada bueno que contar, tal vez porque no hicieron nada bueno", sostuvo. (Nota del autor: Este párrafo debe ser releído al terminar de leer el editorial).
Ahora vamos a empezar a desgranar nosotros estos tres "disparadores", que nos dan una excelente oportunidad para relacionar pasado, presente y futuro.
Pablo Pérsico, hijo de un importante funcionario kirchnerista de la primera hora, surgido precisamente de movimientos como el que Cristina apoyó el pasado martes en Avellaneda, fue detenido cuando, en una camioneta oficial que manejaba (pese a que Pablo Pérsico no trabajaba en el Ministerio de Desarrollo Social donde sí "trabaja" su padre) se encontraron plantas de marihuana. Suponemos nosotros (¡solo suponemos, eh, porque a esta altura se puede esperar cualquier cosa!) que el destino de la camioneta no era el traslado de marihuana, de manera que también hay que investigar una malversación de caudales públicos.
Con todo el derecho del mundo, y porque alguien tiene que hacerse cargo de las consecuencias queridas y no queridas de los hechos que genera, ayer, después de un acto en la gobernación bonaerense, el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, sostuvo, al ser consultado sobre el escándalo: "si un juez de la Corte dice que podemos cultivar marihuana en el balcón, entonces todo es posible".
No es la primera vez que se encuentra droga en una camioneta del Estado nacional. Hace casi un año se encontraron siete kilos de cocaína en una camioneta de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar). ¿No será hora de que la defensa de De la Rúa invoque estos casos como probatorios de que en este país no se mide con la misma vara? ¿O alguien tendrá que denunciar a los Kirchner para que la balanza se equilibre?
De cuando en cuando una crisis pública, sin llegar a sacudir los cimientos de la gobernabilidad, deja magulladuras porque se mezcla lo público con lo privado, ya que el escándalo hace salir a la luz los secretos hasta ese entonces guardados, o protegidos, por la institucionalidad.
Pusimos el título de hoy, que recuerda a una muy famosa serie de la televisión de los '60, porque se trata de la historia de una gran aldea que se creía ciudad y que vuelve a mostrar públicamente sus pecados, porque las élites rompen sus cohesiones. Cada uno busca salvarse por sí solo al volar por los aires los vínculos colectivos que hasta ese entonces los mantenían unidos, o aparentar que lo estaban.
En nuestra pequeña "caldera del diablo" (que ese era el nombre de la miniserie en la Argentina) estamos asistiendo a un enfrentamiento que creemos se está tornando demasiado "sangriento", ya que trasciende lo meramente partidario para inmiscuirse en las esferas de gobierno, creando en los ciudadanos una sensación de vacío de poder que preocupa.
En el orden provincial es evidente que hay una mitad del oficialismo "arrimada" al gobernador Urribarri, muy abiertamente en la vereda de enfrente del sector encabezado por Busti. Así, en consecuencia, los intendentes que necesitan de las partidas de todos los días, son urribarristas, al igual que los funcionarios que necesitan mantenerse en sus puestos, mientras que los legisladores, o por lo menos los diputados, son bustistas, respondiendo a la cabeza de ese poder. Para colmo ese alineamiento se proyecta para arriba y para abajo. Para arriba porque Jorge Busti abjura del kirchnerismo mientras Urribarri es un testigo presencial de cuanto acto haya convocado la presidente o su marido. Y para abajo, porque, como bien sabemos por haberlo advertido en los hechos y por haberlo escuchado de boca de los protagonistas, en nuestra ciudad hay un sector claramente identificado con Julio Aldaz, conformado por la Presidente Municipal, sus funcionarios más fieles y dos concejales, y otro que reconoce el liderazgo de Fabián Flores y tiene en sus filas al presidente del Honorable Concejo Deliberante y a los restantes ediles ¿oficialistas?
Acá correspondería, en este hábito que tenemos de relacionar las cosas, preguntarle a Néstor Kirchner (¡si nos escuchara!), si cuando hablaba de "oposición" en aquél acto de Córdoba se refería también a la del propio riñón del PJ. Porque nosotros, acá, hemos escuchado que en algunas cuestiones se ha valorado más la palabra de los extraños que la de los propios.
Creemos que sería bueno que la población escuche alguna explicación sensata al respecto, y no solo los vanos intentos de "tapar el sol con la mano" a los que hemos asistido hasta ahora.
Las pruebas de que si ésto no se encara con seriedad, a más de dos años de la finalización del mandato, pueden ocurrir situaciones lamentables para la gobernabilidad y la convivencia, las hemos tenido a montones. Pero como los espacios son tiranos, tomaremos solo dos, y así concluiremos por hoy.
Mientras la Presidente promueve movimientos "cooperativistas" (por llamarlos como ella los llama), en nuestra ciudad el intento de apoyar los emprendimientos de ese tipo (hablamos de la Feria Comunitaria) ha desnudado intereses contrapuestos que hasta pusieron en riesgo la misma continuidad del proyecto que, recordemos, más allá de las objeciones y los controles que requiere, da de comer a la gente. Porque no sólo de puestos públicos inexistentes vive el hombre.
El Colegio Nacional de Basavilbaso cumplió 50 años. La realidad (que manda) hizo que los festejos debieran concretarse un 17 de octubre. Y esa misma realidad raleó de representantes del pueblo (elegidos y designados por los elegidos) tanto al acto protocolar como a la cena. ¿Es necesario recordar que preocuparse por la educación no es solo inaugurar y reinaugurar refacciones de escuelas o entregar cheques que ya fueron entregados? La Lealtad debería haberse demostrado, a nuestro modesto entender, primero con la Patria. Y los 50 años del Colegio Nacional indudablemente hicieron Patria en este pueblo, mal que les pese a los que optaron por la segunda opción de las tres que propuso el General.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
viernes, 16 de octubre de 2009
La vida en cinco años -Editorial del 16 de octubre de 2009
Lo conocí cuando él tenía 10 años y yo muy pocos más. Tres más para ser exacto. En el año 1969. Fue seguramente en una mañana de marzo, bien temprano. Y puedo decir, como digo, que ahí lo conocí, porque pasar y conocer de vista, no es conocer.
Por supuesto, hablo del viejo y querido Colegio Nacional, que fue parte de mi vida (¡es parte de mi vida!) y de la vida de tantos otros.
Mirando la película que el tiempo nos va dejando, me veo entrando con Jorge (poco después ya fue para siempre "Machengo"); Eduardo (hoy solo "Pepona"); el Cabezón (ese ya era, obviamente para el que lo conoce, su sobrenombre); el "Tuerto"; que después fue Chito; Mulato; el Negro; Liliana (ya dije alguna vez ¡oh, Liliana!)…para encontrarme, casi enseguida, con los que pasarían a ser parte de mi vida hasta hoy. ¡Y yo no lo sabía!
El "Enano" (y los demás de Mantero que conocimos ahí); "Coco"; el "Tape"; Berta; otros que fueron abandonando en el camino (también quedaron algunos de los que ya nombré), así como varios que fuimos encontrando y llevando con nosotros. Y terminaron con nosotros el "Tío" (sería también "Topito" por herencia familiar); "Chiquito", "Morta", el otro Mario, "Chiche" (Nenucho, que no sé por qué se tuvo que ir); "Bien ché" y Rothamel (que no me acuerdo si tenía sobrenombre). Obviamente que la lista se completa con "Letanú" o "Calcu", que vengo a ser yo.
Nosotros éramos de "Comercial, colegio de varones, no admite… (la rima queda a cargo del lector, que, por supuesto, si es Perito Mercantil, la sabe de memoria), pero fuimos incomparablemente amigos y compañeros de los del Nacional, con quienes nos unieron en esos años muchas cosas, además del viaje a Bariloche en la Promoción '73. Ahí estaba "Caco" (después de mucho esfuerzo); Nardo (¡por qué te fuiste!), Laura (también, como con Liliana, ¡oh, Laura!); "la Sofi"; el "Piojo", el "Mono"; Marta, las tres Gracielas; Josefa; Elio; Gloria; José (el apodo es cariñoso, pero no lo voy a poner acá); Elsa; Betty; el otro "Cabezón", "la Lidia" (¡cómo olvidarme de Lidia!) y espero no haber dejado a nadie en el recuerdo, porque sólo a él recurrí para armar la lista.
Escribo así sabiendo que solo a los treinta y cuatro de mi promoción les va a caer directa esta ficha. Pero asumo el riesgo y me juego a que cada uno de los otros ponga los nombres de su propia memoria y asocie este festejo de los cincuenta años con su propio paso por el Colegio.
Colegio que, por otra parte, ya no es el mismo, pese a que está en el mismo lugar. Pero como de todo hay que ver el lado positivo, o el vaso medio lleno, vale la pena tener que agudizar la imaginación para recordar aquellas aulas, las que no nacieron para eso y se adaptaron del viejo edificio de la Jewish, y las que se fueron agregando a medida que se iba haciendo carne en la gente que era bueno seguir estudiando, y que acá "se podía". Hasta ahora, como docente, como padre, como ex alumno, cuando entro tengo que resistir la tentación de tocar esas paredes, que son otras, buscando sentir el latido de mi sangre, que corre todavía por las venas del edificio que ya no está , tanto como corre por las mías.
Y así como hablé de mis compañeros, quiero (¡debo!) hablar de aquellos que nos enseñaron, nos cuidaron, nos atendieron, se preocuparon, nos retaron, nos hablaron y nos escucharon.
La lista es larga, es profunda y es intensa. Tan profunda y tan intensa como la sensación que me hace lagrimear por los que estuvieron y ya no están, y por la certeza de que no nos estábamos dando cuenta en ese momento de que era necesario acumular esa felicidad para disfrutarla siempre.
Por suerte pude "cargar las pilas" entre medio de este texto porque me encontré con Goyo. El querido Goyo que está como estaba por aquellos años, y al que solo le falta pararse en ese ahora imaginario patio para preguntar, a los gritos: "¿Baby, dónde tengo clase yo?", o limpiarse las manos en su saco (¡pobre Ñata, después!) luego de "destripar" una rana. Gracias a él nunca olvidaremos las amebas y los paramecios, ni tampoco al conejo que nos hizo comprar y luego azotó contra la mesa del laboratorio, poco después de habernos "prometido" que lo dormiría con éter.
Hace mucho que no veo a Lía Arroyo, "la Gorda" (¿la veré por estos días?), pero el Nito se acordará (todos nos acordamos) de su "Platero es ppequeñño, ppeeluuddoo y suuaaaaveee", y del terrible efecto que causaba no pronunciarlo como debíamos. Largas colas frente a las ventanas hacían aquellos que no pasaban la prueba. ¿Y el viejo Curi? Sé que ya no está, pero es imposible que me olvide de sus clases de Educación Democrática. Tampoco de las de Inés Zoff, en la misma materia y en Historia, o de las de "la Bocha", que hace poco nos dejó, ni de las del querido Naldo, con sus demostraciones, sus partidos de softbol y su afán de sacar atletas de dónde no los había.
¡Cómo olvidarme de Olga Kippen, de su inteligencia, de su compromiso intelectual e ideológico, de su diálogo con aquellos incipientes Centros de Estudiantes, con los que de a poquito fuimos consiguiendo algunas permisividades! ¡Si hasta una obra de Chejov hicimos para un Día de la Primavera!
Por suerte la tenemos a Polola, lo que, en cierta manera, aunque no, nos compensa de no tenerla a la "tía Pesi". Y Chacho nos hace pensar que todavía está Julio, el "chorizo eléctrico" que aprendimos a querer por aquellos días. Y Alba, tan joven entonces y tan joven todavía ahora; y Laura (la de Inglés, de la que estuvimos todos enamorados); y Gladys, Arturo, el "Turco" Godoy, Mario Gluschancoff, la "vieja" Gallino, Doña Berta Cerolini y sus vanos intentos de formar músicos (muchos más vanos, obviamente que no por su dedicación sino por nuestra nulidad absoluta, que los de Naldo por formar atletas), el "Negro" Ponce (sujeto activo y pasivo de tantas anécdotas), "Catita" Ayala, que pretendía enseñarnos ¡Merceología!, y tantos, tantos, tantos…
Párrafo aparte para el inolvidable "Cocho", que está parado en el cielo al lado de un interminable timbre, y para Ana María, que también se fue. Sin ellos, sin el viejo Esparza, sin Baby, a la que ya nombré de soslayo, sin Martínez, sin Estela y Marta, que por esos días empezaban a trabajar, nada de esto hubiese sido posible. Si hasta Santamaría y su oferta de "a las petri, a las petri", que comprábamos en los recreos a través del alambrado, a "cincola son los rabones" (textual) son un ingrediente imprescindible a la hora de escribir esta historia.
Después pasaron muchas cosas. La facultad, el ser padre, el ver a los hijos en el mismo lugar por el que uno pasó, la terrible muerte de Nardo (no puedo dejar de nombrarlo tantas veces como pueda), el paso de los años, el adiós a mis padres, los triunfos (y las derrotas y los empates), el nuevo paso por el colegio en la docencia, y muchas cosas más.
Pero lo de esos cinco años es especial, tan especial como es volver a encontrar a los compañeros, a algunos todos los días, y no cansarnos nunca de contar y escuchar mil veces las mismas anécdotas, los mismos recuerdos, las mismas añoranzas.
Del colegio no nos queda, como decía Nino Bravo "más que el polvo del camino". Pero es bastante eso. Lo tenemos adherido para siempre. En el corazón. En la piel. En el alma.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
Lo conocí cuando él tenía 10 años y yo muy pocos más. Tres más para ser exacto. En el año 1969. Fue seguramente en una mañana de marzo, bien temprano. Y puedo decir, como digo, que ahí lo conocí, porque pasar y conocer de vista, no es conocer.
Por supuesto, hablo del viejo y querido Colegio Nacional, que fue parte de mi vida (¡es parte de mi vida!) y de la vida de tantos otros.
Mirando la película que el tiempo nos va dejando, me veo entrando con Jorge (poco después ya fue para siempre "Machengo"); Eduardo (hoy solo "Pepona"); el Cabezón (ese ya era, obviamente para el que lo conoce, su sobrenombre); el "Tuerto"; que después fue Chito; Mulato; el Negro; Liliana (ya dije alguna vez ¡oh, Liliana!)…para encontrarme, casi enseguida, con los que pasarían a ser parte de mi vida hasta hoy. ¡Y yo no lo sabía!
El "Enano" (y los demás de Mantero que conocimos ahí); "Coco"; el "Tape"; Berta; otros que fueron abandonando en el camino (también quedaron algunos de los que ya nombré), así como varios que fuimos encontrando y llevando con nosotros. Y terminaron con nosotros el "Tío" (sería también "Topito" por herencia familiar); "Chiquito", "Morta", el otro Mario, "Chiche" (Nenucho, que no sé por qué se tuvo que ir); "Bien ché" y Rothamel (que no me acuerdo si tenía sobrenombre). Obviamente que la lista se completa con "Letanú" o "Calcu", que vengo a ser yo.
Nosotros éramos de "Comercial, colegio de varones, no admite… (la rima queda a cargo del lector, que, por supuesto, si es Perito Mercantil, la sabe de memoria), pero fuimos incomparablemente amigos y compañeros de los del Nacional, con quienes nos unieron en esos años muchas cosas, además del viaje a Bariloche en la Promoción '73. Ahí estaba "Caco" (después de mucho esfuerzo); Nardo (¡por qué te fuiste!), Laura (también, como con Liliana, ¡oh, Laura!); "la Sofi"; el "Piojo", el "Mono"; Marta, las tres Gracielas; Josefa; Elio; Gloria; José (el apodo es cariñoso, pero no lo voy a poner acá); Elsa; Betty; el otro "Cabezón", "la Lidia" (¡cómo olvidarme de Lidia!) y espero no haber dejado a nadie en el recuerdo, porque sólo a él recurrí para armar la lista.
Escribo así sabiendo que solo a los treinta y cuatro de mi promoción les va a caer directa esta ficha. Pero asumo el riesgo y me juego a que cada uno de los otros ponga los nombres de su propia memoria y asocie este festejo de los cincuenta años con su propio paso por el Colegio.
Colegio que, por otra parte, ya no es el mismo, pese a que está en el mismo lugar. Pero como de todo hay que ver el lado positivo, o el vaso medio lleno, vale la pena tener que agudizar la imaginación para recordar aquellas aulas, las que no nacieron para eso y se adaptaron del viejo edificio de la Jewish, y las que se fueron agregando a medida que se iba haciendo carne en la gente que era bueno seguir estudiando, y que acá "se podía". Hasta ahora, como docente, como padre, como ex alumno, cuando entro tengo que resistir la tentación de tocar esas paredes, que son otras, buscando sentir el latido de mi sangre, que corre todavía por las venas del edificio que ya no está , tanto como corre por las mías.
Y así como hablé de mis compañeros, quiero (¡debo!) hablar de aquellos que nos enseñaron, nos cuidaron, nos atendieron, se preocuparon, nos retaron, nos hablaron y nos escucharon.
La lista es larga, es profunda y es intensa. Tan profunda y tan intensa como la sensación que me hace lagrimear por los que estuvieron y ya no están, y por la certeza de que no nos estábamos dando cuenta en ese momento de que era necesario acumular esa felicidad para disfrutarla siempre.
Por suerte pude "cargar las pilas" entre medio de este texto porque me encontré con Goyo. El querido Goyo que está como estaba por aquellos años, y al que solo le falta pararse en ese ahora imaginario patio para preguntar, a los gritos: "¿Baby, dónde tengo clase yo?", o limpiarse las manos en su saco (¡pobre Ñata, después!) luego de "destripar" una rana. Gracias a él nunca olvidaremos las amebas y los paramecios, ni tampoco al conejo que nos hizo comprar y luego azotó contra la mesa del laboratorio, poco después de habernos "prometido" que lo dormiría con éter.
Hace mucho que no veo a Lía Arroyo, "la Gorda" (¿la veré por estos días?), pero el Nito se acordará (todos nos acordamos) de su "Platero es ppequeñño, ppeeluuddoo y suuaaaaveee", y del terrible efecto que causaba no pronunciarlo como debíamos. Largas colas frente a las ventanas hacían aquellos que no pasaban la prueba. ¿Y el viejo Curi? Sé que ya no está, pero es imposible que me olvide de sus clases de Educación Democrática. Tampoco de las de Inés Zoff, en la misma materia y en Historia, o de las de "la Bocha", que hace poco nos dejó, ni de las del querido Naldo, con sus demostraciones, sus partidos de softbol y su afán de sacar atletas de dónde no los había.
¡Cómo olvidarme de Olga Kippen, de su inteligencia, de su compromiso intelectual e ideológico, de su diálogo con aquellos incipientes Centros de Estudiantes, con los que de a poquito fuimos consiguiendo algunas permisividades! ¡Si hasta una obra de Chejov hicimos para un Día de la Primavera!
Por suerte la tenemos a Polola, lo que, en cierta manera, aunque no, nos compensa de no tenerla a la "tía Pesi". Y Chacho nos hace pensar que todavía está Julio, el "chorizo eléctrico" que aprendimos a querer por aquellos días. Y Alba, tan joven entonces y tan joven todavía ahora; y Laura (la de Inglés, de la que estuvimos todos enamorados); y Gladys, Arturo, el "Turco" Godoy, Mario Gluschancoff, la "vieja" Gallino, Doña Berta Cerolini y sus vanos intentos de formar músicos (muchos más vanos, obviamente que no por su dedicación sino por nuestra nulidad absoluta, que los de Naldo por formar atletas), el "Negro" Ponce (sujeto activo y pasivo de tantas anécdotas), "Catita" Ayala, que pretendía enseñarnos ¡Merceología!, y tantos, tantos, tantos…
Párrafo aparte para el inolvidable "Cocho", que está parado en el cielo al lado de un interminable timbre, y para Ana María, que también se fue. Sin ellos, sin el viejo Esparza, sin Baby, a la que ya nombré de soslayo, sin Martínez, sin Estela y Marta, que por esos días empezaban a trabajar, nada de esto hubiese sido posible. Si hasta Santamaría y su oferta de "a las petri, a las petri", que comprábamos en los recreos a través del alambrado, a "cincola son los rabones" (textual) son un ingrediente imprescindible a la hora de escribir esta historia.
Después pasaron muchas cosas. La facultad, el ser padre, el ver a los hijos en el mismo lugar por el que uno pasó, la terrible muerte de Nardo (no puedo dejar de nombrarlo tantas veces como pueda), el paso de los años, el adiós a mis padres, los triunfos (y las derrotas y los empates), el nuevo paso por el colegio en la docencia, y muchas cosas más.
Pero lo de esos cinco años es especial, tan especial como es volver a encontrar a los compañeros, a algunos todos los días, y no cansarnos nunca de contar y escuchar mil veces las mismas anécdotas, los mismos recuerdos, las mismas añoranzas.
Del colegio no nos queda, como decía Nino Bravo "más que el polvo del camino". Pero es bastante eso. Lo tenemos adherido para siempre. En el corazón. En la piel. En el alma.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
viernes, 9 de octubre de 2009
Ni blanco ni negro - Editorial del 9 de octubre de 2009
Los argentinos estamos acostumbrados (mal) a una línea de pensamiento que no admite grises ni medias tintas. Acá se es peronista o gorila, bostero o gallina, de Ford o de Chevrolet (por lo menos en el viejo TC), rubio o “cabecita”, etc. Debemos decir en este punto que el etcétera, en este caso, tiene expresamente el exacto significado de “y lo que falta”, porque somos conscientes de que el lector podrá incorporar numerosas opciones a esta lista. Por estos días un amigo que suele darle una vuelta más a las cosas, nos decía que estamos viviendo en un sistema binario, donde solo hay ceros y unos.
Toda esta introducción viene a cuento a raíz de la notoriedad y el grado de discusión que ha alcanzado el tema de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, más vulgarmente conocida como Ley de Medios. Y debemos dejar aclarado acá que cuando hacemos referencia a esa “notoriedad y grado de discusión” lo hacemos sabiendo que esta cuestión no le quita el sueño ni mucho menos el hambre a la gente. Por supuesto que la discusión tiene su ámbito específico, relativo a los que estamos relacionados con la problemática y con los dirigentes políticos y sociales que ven en esto un avance o un retroceso, según los casos, en abierta consonancia con lo que decíamos más arriba. Acá o se está a favor o se está en contra.
Aún cuando en la radio y en la televisión gran parte del contenido de los programas periodísticos desarrolla los argumentos de ambas posturas, ya casi rozando el cansancio, también es cierto que la audiencia de esos programas está circunscripta a más o menos el mismo espectro de interés. A mucha más gente, obviamente, le preocupan las “botineras” o la supuesta aventura del “Facha” Martel en Concepción del Uruguay con una basavilbasense. Y eso se muestra en el programa de Jorge Rial, en el que la Ley de Medios ni aparece.
Nosotros participamos el sábado de un debate acerca de este tema con Jorge Lanata, y la verdad es que no se nos termina de aclarar la cuestión. Imaginamos entonces cómo debe ser la cosa para quien tiene sobre esto un desconocimiento absoluto, y se encuentra de golpe con la necesidad de tener una opinión formada.
Uno de los lemas más importantes a favor de la nueva ley es aquél que pregona que es inentendible que en más de 25 años de democracia todavía tengamos respecto a la radiodifusión una ley dictada en tiempos de gobierno militar. Y a nosotros ese solo razonamiento no nos convence, y es por eso que vamos a intentar darle algunas vueltas, para desmitificarlo o, aún cuando nos pese, confirmarlo.
Preguntábamos nosotros, a modo de comparación, por qué en otras cuestiones tan importantes, como por ejemplo la educación, cuando hubo que dictar nuevas normas legales en períodos constitucionales (Ley Federal de Educación y Ley Nacional de Educación), se tomaron tiempos mucho más extensos y se llevó el tratamiento a las escuelas, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, etc. Nosotros mismos tuvimos, en las dos oportunidades citadas, la posibilidad de expresar opiniones y fundarlas. Si luego no fueron tenidas en cuenta no es nuestra culpa, pero el espacio estuvo y creemos que se aprovechó.
Acá el apuro por que la ley “salga” hace que, lamentablemente, todo tenga un “tufillo” extraño, que hace pensar en aviesas intenciones, que por otra parte no resultan totalmente ajenas al modo de proceder de este gobierno y, sobre todo, del matrimonio gobernante.
Está fuera de discusión, por cierto, que no es propio de un estado de derecho que la propiedad de los medios esté concentrada en tan pocas manos. No solo por los peligros ocultos que ello implica, sino por una realidad palpable, que creemos ya alguna vez hemos intentado desenmascarar acá. En efecto, el hecho de que Canal 13, Todo Noticias, Radio Mitre y Clarín sean del mismo grupo empresario, implica que una persona común, ajena hasta ahora a estas intimidades del poder (del poder de los medios, en este caso), tome como ciertas las afirmaciones de cualquiera de éstos, confiando en que la confirmación que obtiene en los otros tres es suficiente prueba de verdad. Uno supone, incluso, que para la famosa “doña Rosa” a la que se dirigía Neustadt, que podrá haber sido un maléfico periodista pero que conocía muy bien al espectro de los oyentes y televidentes, será difícil de entender esto de que un medio pueda privilegiar su propio interés por sobre el derecho a informarse que tiene la ciudadanía.
El escenario de hoy lo conocemos. Y no nos gusta. Pero no por eso estamos obligados a aceptar cualquier otro. Sabemos cómo debemos proceder frente a la concentración actual, y nos genera preocupación no poder tener la misma seguridad en un futuro, cuando no tengamos conocimiento exacto acerca de quién fue con una valija llena de dólares a comprar los canales, las radios y los cables.
La falta de explicaciones adecuadas y la inimputabilidad, que linda ya en lo inmoral, que caracteriza a la administración kirchnerista, desde sus comienzos, no de ahora, hace que debamos sospechar, con todo el derecho del mundo, que los procedimientos utilizados para acrecentar los patrimonios de choferes, guardaespaldas y secretarios, devenidos rápidamente en empresarios del juego, de los trasportes, de la minería, de los negocios inmobiliarios y vaya a saber uno de cuántos negocios puros o impuros más, sean los mismos que se utilicen para apropiarse de los medios de comunicación.
De últimas, usted me puede decir que le da lo mismo que el dueño sea el “grupo Clarín” o el “grupo Kirchner”. ¡Pero a nosotros no, fíjese! Nosotros no le tenemos confianza a esta forma de acumular poder económico simulando un interés social. Nos asusta el adelanto, que nosotros vaticinamos claramente, que está expresado en las transmisiones del fútbol por el canal oficial (oficialista). Ahí las publicidades son del gobierno, o, lo que es peor, del partido del gobierno. Y en los programas periodísticos o de “opinión” del mismo canal, nunca hemos escuchado un análisis crítico de ninguna cuestión de la que sea parte interesada el matrimonio presidencial.
Ese absolutismo, que ya excede la natural predisposición a ser “más papistas que el Papa” que tienen los que trabajan en los medios del estado, nos hace pensar, como decíamos más arriba, que en circunstancias críticas, como pueden ser, por ejemplo, las semanas previas a elecciones de dudoso resultado, la propiedad de los medios (acumulada) permita mostrarle a la población una realidad que no es tal. Si ya lo hicieron con el IndeK, ¿qué duda nos puede caber de que repetirán maquiavélicamente la fórmula por aquello de que “el fin justifica los medios” (los medios de los medios, en este caso, si se nos permite el juego de palabras).
Nada amerita, ni siquiera la tan remanida (aunque cierta) recurrencia a la falta de legitimidad de la ley vigente por haber sido sancionada por un gobierno de facto, que se pretenda (y se logre) dictar una nueva bajo aparentes formas democráticas, que no son tales. Más allá de que los diputados que la votaron favorablemente, y de los senadores que estarán hoy viernes haciendo lo mismo, fueron elegidos por el voto popular, universal, secreto y obligatorio, en elecciones libres, la falta de independencia del Poder Legislativo es tan obvia, que los jefes de los bloques oficialistas no tienen ningún reparo en aceptar que van a pedirle instrucciones al “primer esposo”. No se discute en comisiones, se limita el número de las audiencias públicas y se escapa al tratamiento parlamentario adecuado, abusando de las mayorías de las que disponen o negociando con quién sabe qué prebendas para conseguir las que les faltan. Esto no le va a dar mayor legitimidad a la ley que se promulgue que la poca que tiene la que se hizo desde la CAL (Comisión de Asesoramiento Legislativo), engendro que inventaron los militares para suplir la acción del Congreso, a la que nada tiene que “envidiarle” este de ahora, manipulado descaradamente y convertido en un mero pasamanos o en una “escribanía del poder”, como alguna vez lo definiéramos y luego nos copiaran.
Solo como muestra de lo que vamos a ver con mucha frecuencia una vez que desde los siniestros pasillos del poder nos hagan “tragar el sapo” en aras de una supuesta libertad de prensa que ahora no es tal, pero que lo será menos todavía en un universo kirchnerista, el sábado los espectadores de un partido de fútbol y los tele espectadores del canal oficial, tuvieron que esperar que Néstor y Cristina se “mostraran” junto al féretro de Mercedes Sosa para que pudiera empezar la transmisión y, de hecho, el partido mismo.
“El líder popular, una vez que ha gustado del placer del mundo, cae en el delirio del poder y la grandeza y todo lo subordina a su permanencia en lo alto. Abolirá todo derecho hasta que, finalmente, comprenda el pueblo qué monstruo ha creado”.
Lo dijo Platón.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
Los argentinos estamos acostumbrados (mal) a una línea de pensamiento que no admite grises ni medias tintas. Acá se es peronista o gorila, bostero o gallina, de Ford o de Chevrolet (por lo menos en el viejo TC), rubio o “cabecita”, etc. Debemos decir en este punto que el etcétera, en este caso, tiene expresamente el exacto significado de “y lo que falta”, porque somos conscientes de que el lector podrá incorporar numerosas opciones a esta lista. Por estos días un amigo que suele darle una vuelta más a las cosas, nos decía que estamos viviendo en un sistema binario, donde solo hay ceros y unos.
Toda esta introducción viene a cuento a raíz de la notoriedad y el grado de discusión que ha alcanzado el tema de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, más vulgarmente conocida como Ley de Medios. Y debemos dejar aclarado acá que cuando hacemos referencia a esa “notoriedad y grado de discusión” lo hacemos sabiendo que esta cuestión no le quita el sueño ni mucho menos el hambre a la gente. Por supuesto que la discusión tiene su ámbito específico, relativo a los que estamos relacionados con la problemática y con los dirigentes políticos y sociales que ven en esto un avance o un retroceso, según los casos, en abierta consonancia con lo que decíamos más arriba. Acá o se está a favor o se está en contra.
Aún cuando en la radio y en la televisión gran parte del contenido de los programas periodísticos desarrolla los argumentos de ambas posturas, ya casi rozando el cansancio, también es cierto que la audiencia de esos programas está circunscripta a más o menos el mismo espectro de interés. A mucha más gente, obviamente, le preocupan las “botineras” o la supuesta aventura del “Facha” Martel en Concepción del Uruguay con una basavilbasense. Y eso se muestra en el programa de Jorge Rial, en el que la Ley de Medios ni aparece.
Nosotros participamos el sábado de un debate acerca de este tema con Jorge Lanata, y la verdad es que no se nos termina de aclarar la cuestión. Imaginamos entonces cómo debe ser la cosa para quien tiene sobre esto un desconocimiento absoluto, y se encuentra de golpe con la necesidad de tener una opinión formada.
Uno de los lemas más importantes a favor de la nueva ley es aquél que pregona que es inentendible que en más de 25 años de democracia todavía tengamos respecto a la radiodifusión una ley dictada en tiempos de gobierno militar. Y a nosotros ese solo razonamiento no nos convence, y es por eso que vamos a intentar darle algunas vueltas, para desmitificarlo o, aún cuando nos pese, confirmarlo.
Preguntábamos nosotros, a modo de comparación, por qué en otras cuestiones tan importantes, como por ejemplo la educación, cuando hubo que dictar nuevas normas legales en períodos constitucionales (Ley Federal de Educación y Ley Nacional de Educación), se tomaron tiempos mucho más extensos y se llevó el tratamiento a las escuelas, los sindicatos, las organizaciones no gubernamentales, etc. Nosotros mismos tuvimos, en las dos oportunidades citadas, la posibilidad de expresar opiniones y fundarlas. Si luego no fueron tenidas en cuenta no es nuestra culpa, pero el espacio estuvo y creemos que se aprovechó.
Acá el apuro por que la ley “salga” hace que, lamentablemente, todo tenga un “tufillo” extraño, que hace pensar en aviesas intenciones, que por otra parte no resultan totalmente ajenas al modo de proceder de este gobierno y, sobre todo, del matrimonio gobernante.
Está fuera de discusión, por cierto, que no es propio de un estado de derecho que la propiedad de los medios esté concentrada en tan pocas manos. No solo por los peligros ocultos que ello implica, sino por una realidad palpable, que creemos ya alguna vez hemos intentado desenmascarar acá. En efecto, el hecho de que Canal 13, Todo Noticias, Radio Mitre y Clarín sean del mismo grupo empresario, implica que una persona común, ajena hasta ahora a estas intimidades del poder (del poder de los medios, en este caso), tome como ciertas las afirmaciones de cualquiera de éstos, confiando en que la confirmación que obtiene en los otros tres es suficiente prueba de verdad. Uno supone, incluso, que para la famosa “doña Rosa” a la que se dirigía Neustadt, que podrá haber sido un maléfico periodista pero que conocía muy bien al espectro de los oyentes y televidentes, será difícil de entender esto de que un medio pueda privilegiar su propio interés por sobre el derecho a informarse que tiene la ciudadanía.
El escenario de hoy lo conocemos. Y no nos gusta. Pero no por eso estamos obligados a aceptar cualquier otro. Sabemos cómo debemos proceder frente a la concentración actual, y nos genera preocupación no poder tener la misma seguridad en un futuro, cuando no tengamos conocimiento exacto acerca de quién fue con una valija llena de dólares a comprar los canales, las radios y los cables.
La falta de explicaciones adecuadas y la inimputabilidad, que linda ya en lo inmoral, que caracteriza a la administración kirchnerista, desde sus comienzos, no de ahora, hace que debamos sospechar, con todo el derecho del mundo, que los procedimientos utilizados para acrecentar los patrimonios de choferes, guardaespaldas y secretarios, devenidos rápidamente en empresarios del juego, de los trasportes, de la minería, de los negocios inmobiliarios y vaya a saber uno de cuántos negocios puros o impuros más, sean los mismos que se utilicen para apropiarse de los medios de comunicación.
De últimas, usted me puede decir que le da lo mismo que el dueño sea el “grupo Clarín” o el “grupo Kirchner”. ¡Pero a nosotros no, fíjese! Nosotros no le tenemos confianza a esta forma de acumular poder económico simulando un interés social. Nos asusta el adelanto, que nosotros vaticinamos claramente, que está expresado en las transmisiones del fútbol por el canal oficial (oficialista). Ahí las publicidades son del gobierno, o, lo que es peor, del partido del gobierno. Y en los programas periodísticos o de “opinión” del mismo canal, nunca hemos escuchado un análisis crítico de ninguna cuestión de la que sea parte interesada el matrimonio presidencial.
Ese absolutismo, que ya excede la natural predisposición a ser “más papistas que el Papa” que tienen los que trabajan en los medios del estado, nos hace pensar, como decíamos más arriba, que en circunstancias críticas, como pueden ser, por ejemplo, las semanas previas a elecciones de dudoso resultado, la propiedad de los medios (acumulada) permita mostrarle a la población una realidad que no es tal. Si ya lo hicieron con el IndeK, ¿qué duda nos puede caber de que repetirán maquiavélicamente la fórmula por aquello de que “el fin justifica los medios” (los medios de los medios, en este caso, si se nos permite el juego de palabras).
Nada amerita, ni siquiera la tan remanida (aunque cierta) recurrencia a la falta de legitimidad de la ley vigente por haber sido sancionada por un gobierno de facto, que se pretenda (y se logre) dictar una nueva bajo aparentes formas democráticas, que no son tales. Más allá de que los diputados que la votaron favorablemente, y de los senadores que estarán hoy viernes haciendo lo mismo, fueron elegidos por el voto popular, universal, secreto y obligatorio, en elecciones libres, la falta de independencia del Poder Legislativo es tan obvia, que los jefes de los bloques oficialistas no tienen ningún reparo en aceptar que van a pedirle instrucciones al “primer esposo”. No se discute en comisiones, se limita el número de las audiencias públicas y se escapa al tratamiento parlamentario adecuado, abusando de las mayorías de las que disponen o negociando con quién sabe qué prebendas para conseguir las que les faltan. Esto no le va a dar mayor legitimidad a la ley que se promulgue que la poca que tiene la que se hizo desde la CAL (Comisión de Asesoramiento Legislativo), engendro que inventaron los militares para suplir la acción del Congreso, a la que nada tiene que “envidiarle” este de ahora, manipulado descaradamente y convertido en un mero pasamanos o en una “escribanía del poder”, como alguna vez lo definiéramos y luego nos copiaran.
Solo como muestra de lo que vamos a ver con mucha frecuencia una vez que desde los siniestros pasillos del poder nos hagan “tragar el sapo” en aras de una supuesta libertad de prensa que ahora no es tal, pero que lo será menos todavía en un universo kirchnerista, el sábado los espectadores de un partido de fútbol y los tele espectadores del canal oficial, tuvieron que esperar que Néstor y Cristina se “mostraran” junto al féretro de Mercedes Sosa para que pudiera empezar la transmisión y, de hecho, el partido mismo.
“El líder popular, una vez que ha gustado del placer del mundo, cae en el delirio del poder y la grandeza y todo lo subordina a su permanencia en lo alto. Abolirá todo derecho hasta que, finalmente, comprenda el pueblo qué monstruo ha creado”.
Lo dijo Platón.
Dr. Mario Ignacio Arcusin, para Semanario Crónica de Basavilbaso
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